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Introducción; Una forma única de alimentarse; Estructura ; Reproducción; Clasificación; Utilización de los hongos; Hongos perjudiciales
Hongos, grupo diverso de organismos unicelulares o pluricelulares que, a diferencia de las plantas y los animales, se alimentan mediante la absorción directa de nutrientes, que obtienen mediante la degradación de moléculas de alimento del medio (nutrición absortiva). Los alimentos se disuelven mediante enzimas que secretan los hongos. Las evidencias fósiles ponen de manifiesto que los hongos han estado presentes en nuestro planeta desde hace al menos 600 millones de años e incluso antes. En la actualidad, miles de especies de hongos crecen y absorben los nutrientes del suelo, la madera, la materia orgánica muerta o de las plantas y otros organismos. Su tamaño varía desde los hongos microscópicos unicelulares hasta algunos de los organismos más grandes que existen. En Michigan, por ejemplo, el cuerpo subterráneo de un hongo Armillaria ocupa un área de más de 12 hectáreas. Otros hongos se encuentran entre los organismos más longevos—algunos líquenes, una asociación simbiótica entre un hongo y un alga, se cree que tienen más de 4.500 años. La disciplina que estudia los hongos se llama micología. Los hongos constituyen un grupo de organismos numeroso y extensamente distribuido, cuya actividad resulta esencial en el funcionamiento de todos los ecosistemas. Son los causantes, junto con las bacterias, de la putrefacción y descomposición de toda la materia orgánica. Son seres vivos descomponedores que degradan los restos de organismos muertos y devuelven el carbono y otros elementos de nuevo al ambiente, para que puedan ser reutilizados. La importancia de los hongos para los seres humanos es inestimable. Ciertos hongos, entre los que se incluyen algunos mohos, tienen un valor probado en la síntesis de antibióticos y hormonas empleados en medicina, así como de enzimas utilizados en determinados procesos industriales. Algunos hongos, como las trufas, son considerados un alimento exquisito. Sin embargo, no todos los hongos resultan beneficiosos, algunos son parásitos de organismos vivos y producen graves enfermedades en plantas y animales. Algunas especies conocidas incluyen champiñones, níscalos y levaduras, así como varias especies que originan enfermedades en plantas y animales, como las royas y los tizones. Algunos expertos estiman que hay aproximadamente 1,5 millones de especies, de las cuales aproximadamente unas 100.000 han sido identificadas. Las características propias de estos organismos hacen necesario incluirlos en un reino propio; el reino Hongos. Ciertos organismos similares a los hongos, como los mohos acuáticos (también conocidos como oomicetes) y los mohos mucilaginosos, que antiguamente se clasificaban en este reino, se incluyen ahora en el reino Protoctistas.
Los hongos carecen de clorofila, el pigmento verde que permite a las plantas realizar la fotosíntesis, fabricando sus propios compuestos orgánicos. Los hongos son seres vivos heterótrofos que obtienen el alimento por absorción. Secretan enzimas digestivas que degradan las moléculas de alimento en el ambiente, fuera de sus cuerpos. El hongo absorbe después los productos degradados. Algunos hongos son parásitos, alimentándose de plantas, animales o incluso de otras especies de hongos. Algunas de estas especies producen graves enfermedades en animales de granja, cultivos y bosques. Por ejemplo, el hongo Ophiostoma ulmi, responsable de una enfermedad conocida como grafiosis, provocó la muerte de millones de olmos en todo el mundo. La mayoría son saprofitos pues obtienen el alimento de la materia orgánica muerta. Junto con las bacterias, los hongos son los principales descomponedores del planeta y son capaces de degradar la celulosa y la lignina, presentes en las paredes celulares de las células vegetales. Pero, además de realizar esta inestimable labor recicladota, los saprofitos pueden causar la destrucción de alimentos y de productos de madera. Algunos hongos establecen relaciones simbióticas con otros organismos. Por ejemplo, las raíces de muchas especies de plantas desarrollan una asociación beneficiosa con los hongos formando una micorriza. Las micorrizas incrementan la capacidad de las raíces de la planta para absorber nutrientes; el hongo le suministra a la planta minerales y absorbe compuestos orgánicos de su compañero fotosintético. Los hongos también forman asociaciones mutualistas con diversos animales. Por ejemplo, las hormigas cortadoras de hoja, llevan los trozos de hojas a sus nidos, donde alimentan a ciertos hongos. Los hongos viven en los nidos y las hormigas se alimentan de los hongos. Algunas termitas y ciertos escarabajos utilizan a los hongos para digerir la celulosa de la madera, para que, de esa forma, pueda servir de alimento al insecto. Algunos hongos parásitos de plantas, como las royas, invaden las células vegetales mediante unas estructuras especializadas, llamadas haustorios, que absorben los nutrientes de las células. Ciertos hongos que viven en el suelo son predadores activos y atrapan organismos microscópicos como amebas y nematodos. Las presas se capturan por medio de una malla de hifas, recubierta por una sustancia adhesiva, a la que queda pegada la presa. Las hifas penetran en el microorganismo, crecen y se ramifican dentro de su cuerpo absorbiendo nutrientes hasta matarlo.
A excepción de las especies unicelulares, la mayoría de los hongos están constituidos por filamentos tubulares que reciben el nombre de hifas. Cada hifa está rodeada por una pared celular que normalmente contiene quitina, un material que también forma parte del exoesqueleto de los insectos. La mayoría de las hifas no están divididas en células separadas y los núcleos y orgánulos están esparcidos por todo el citoplasma. Sin embargo, algunas hifas pueden estar divididas por tabiques llamados septos, pero, incluso en estas hifas, los septos poseen unos poros que permiten el movimiento de orgánulos dentro de la hifa. Las hifas crecen por alargamiento de las puntas y también por ramificación. La proliferación de hifas, resultante de este crecimiento, se llama micelio. Cuando el micelio se desarrolla puede llegar a formar grandes cuerpos fructíferos, tales como las setas u otras estructuras que contienen esporas reproductoras. Normalmente, los cuerpos fructíferos son la parte más visible del hongo y suelen crecer por encima del suelo o de otras superficies, de manera que las esporas pueden ser dispersadas por las corrientes de aire o mediante otros mecanismos. Por el contrario, el micelio normalmente permanece enterrado. Por ejemplo, el micelio de una seta está encerrado bajo el suelo, mientras que el cuerpo fructífero, la estructura en forma de paraguas que nos resulta tan familiar, brota por encima del suelo.
Los hongos poseen diversas formas de reproducción. En general, la mayoría de los hongos se reproducen por esporas, diminutas partículas de protoplasma rodeado de pared celular. Normalmente producen gran número de esporas. El champiñón silvestre puede formar 12.000 millones de esporas en su cuerpo fructífero; así mismo, el pedo o cuesco de lobo gigante puede producir varios billones. Los hongos poseen un ciclo reproductor que implica la producción de esporas sexuales. Estas esporas contienen uno o más núcleos que son generalmente haploides, es decir, sus núcleos contienen un solo juego de cromosomas. Cuando las condiciones del medio son favorables, las esporas germinan y dan lugar a un micelio que produce cuerpos fructíferos llenos de esporas sexuales, que repiten el ciclo reproductor. Algunos hongos producen esporas asexuales directamente a partir de las hifas, que germinan y originan un micelio adicional. El micelio se desarrolla rápidamente, facilitando la dispersión y colonización del hongo. En el ciclo reproductor sexual de muchos hongos el micelio contiene hifas de dos tipos sexuales, algunas veces llamadas forma + y forma -, que no se distinguen morfológicamente entre sí. Las hifas de dos tipos sexuales distintos se fusionan, iniciándose la reproducción sexual. Inicialmente, los núcleos de estas dos hifas permanecen separados, dando lugar a un estado intermedio, llamado dicarion, que significa ‘con dos núcleos’. Este estado puede durar desde semanas hasta un año, dependiendo de la especie. Finalmente, los dos núcleos se fusionan dando lugar a una célula diploide, es decir, una célula que contiene un núcleo con dos juegos de cromosomas. Este núcleo sufre meiosis, originando cuatro esporas haploides, y dando lugar a un nuevo ciclo. Esta población de esporas genéticamente distintas puede tener más oportunidades de sobrevivir a los cambios ambientales, como los cambios de temperatura, o a determinadas enfermedades que, en cambio, podrían exterminar a una población de esporas genéticamente idénticas. Muchos hongos son capaces también de reproducirse mediante fragmentación de sus hifas. Cada fragmento es capaz de originar un nuevo individuo. Las levaduras, unos hongos unicelulares, se reproducen por gemación, un proceso mediante el cual la célula forma una yema que se acaba separando de la célula progenitora y originando una nueva levadura.
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