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Esquema
Introducción; La música en la antigüedad; La alta edad media; La baja edad media; El renacimiento; El barroco; El clasicismo y sus inicios; El romanticismo; El siglo XX
Música occidental, música generada en Europa y en las zonas del mundo de influencia europea. La música occidental es una de las culturas musicales más desarrolladas, y posee sus propios fundamentos, que comprenden, entre otras cuestiones, su particular sistema de afinación y ordenación de los sonidos en escalas, su timbre, su particular acercamiento a la forma musical y su textura. Como tal, la música de Occidente se encuentra al mismo nivel que otros sistemas musicales importantes, como los de India, Indonesia, la cultura islámica, China y Japón. Este artículo trata de la historia de la música en la cultura occidental.
Aunque se ha intentado descifrar un fragmento escrito en caracteres cuneiformes procedente del pueblo hitita (c. 1900 a.C.), la música europea conocida más antigua es la de los griegos y romanos, desde el año 500 a.C. hasta el 300 d.C. Se conservan menos de una docena de ejemplos de música griega, escrita en una notación alfabética que no puede descifrarse con certeza. Las teorías griegas y romanas sobre la naturaleza y función de la música, sin embargo, fueron desarrolladas en las obras de filósofos como Pitágoras, Aristóteles y Boecio. Muchos escritores antiguos creían que la música había sido creada por el dios Apolo, el músico mitológico Orfeo y otras divinidades, y que reflejaba en el microcosmos las leyes de la armonía que rigen el universo. También pensaban que influía en las acciones y en los pensamientos humanos. La música griega fue en un primer momento monódica (una sola melodía cantada o tocada sin armonía). A veces, uno o más músicos tocaban al mismo tiempo una variación de la melodía mientras otros interpretaban la versión original. Esto produjo una técnica musical algo más compleja denominada heterofonía. El ritmo de la música griega estaba íntimamente unido al lenguaje. En una canción, la música reproducía el ritmo del texto. En una obra instrumental se seguían los modelos rítmicos de los pies métricos de la poesía. La estructura interna de esta música se basaba en un sistema de modos que combinaban una escala con contornos melódicos especiales y modelos rítmicos. Una organización similar existe hoy en la música islámica y en la india. Como a cada modo le correspondían características rítmicas y melódicas propias, los oyentes podían reconocerlos. Los filósofos opinaban que cada modo tenía una cualidad emocional peculiar que podían experimentar los oyentes. Los instrumentos griegos más habituales fueron la kithara, un tipo de lira asociada a Apolo, y el aulos, parecido al oboe, asociado al culto del dios Dioniso. La kithara se utilizaba para producir un efecto de relajación e inspiración en los oyentes y el aulos para comunicar excitación. Ambos se utilizaron en ceremonias religiosas y en el teatro, donde acompañaban a la representación de los dramas. También inventaron el hydraulis, un órgano en el que el suministro del aire se estabilizaba gracias a la presión hidráulica. La música instrumental alcanzó su cúspide en torno al 300 a.C., cuando numerosos músicos participaban en concursos. Parece que los romanos asumieron las tradiciones musicales griegas sin añadir nada sustancial. Desarrollaron, sin embargo, varios instrumentos de metal que utilizaron en las batallas y en los desfiles militares.
En la edad media, los músicos profesionales, como los otros artistas, trabajaron para la Iglesia católica. Como ésta se oponía al paganismo asociado con Grecia y Roma, no se apoyó la interpretación de su música y terminó extinguiéndose. Poco se conoce del canto sin acompañamiento que se utilizaba en la liturgia de la Iglesia cristiana primitiva. El canto cristiano recibe una importante influencia de la música de la sinagoga judía y de las canciones profanas de su tiempo. El canto melódico romano fue recopilado y se le asignó una función concreta en la liturgia durante los siglos V al VII. Este canto romano llegó a ser conocido como canto gregoriano después de que el papa Gregorio I Magno (c. 540-604), que pudo componer algunas de las melodías, consagró su uso en la Iglesia. Como este Papa y los siguientes prefirieron el canto gregoriano a otras variedades surgidas en Europa, éste prevaleció sobre el resto. El canto cristiano se ha preservado en numerosos manuscritos. Los signos musicales utilizados, llamados neumas, son las raíces más antiguas de la notación musical moderna. A comienzos del siglo IX, muchos músicos sintieron la necesidad de componer una música más elaborada que la simple melodía sin acompañamiento. Así, añadieron otra voz para que interviniera simultáneamente en algunos fragmentos del canto. El estilo musical resultante se denominó organum. En el organum primitivo la voz añadida doblaba la melodía principal a un intervalo de cuarta o quinta ascendente. Más tarde desarrolló una contramelodía independiente. Este estilo es importante en la historia de la música porque fue el primer estadio de la evolución de la textura musical conocida como polifonía (varias voces), el rasgo más característico de la música de la cultura occidental. A finales del siglo XII se escribían organa a tres y cuatro voces que constituían obras de gran extensión. Con ellos se llenaban de sonido los amplios espacios de las catedrales góticas. Los principales centros de desarrollo del organum estaban en Francia, en la abadía de San Marcial de Limoges y en la catedral de Notre Dame de París. Para que los músicos pudieran leer e interpretar varias voces diferentes simultáneamente hubo de desarrollarse un sistema de notación musical de gran precisión. La altura se aclaró con el uso de cuatro, cinco o más líneas paralelas, en las que cada línea y espacio representaban una altura determinada, como en la notación actual. El perfeccionamiento de este sistema se atribuye al monje benedictino italiano Guido d’Arezzo en el siglo XI. La duración de las notas era más difícil de reflejar por escrito. La solución que se adoptó en los siglos XI y XII se basaba en varios modelos rítmicos cortos que fueron sistematizados en modos rítmicos. El mismo modelo, o modo, se repetía hasta que el compositor indicaba algún cambio mediante un signo en la notación. Para introducir variedad se asignaba un modo distinto a cada voz en la interpretación simultánea y se variaban los modos a lo largo de la obra. A finales del siglo XIII se había abandonado la notación modal y empezaba a utilizarse el sistema moderno, más flexible, con valores de las notas más largos y más cortos. El organum se convirtió en un estilo musical muy elaborado que fue apreciado sobre todo por los clérigos instruidos de la Iglesia católica. También hubo una música profana más sencilla fuera de las iglesias. Se trata de la música monódica de los músicos itinerantes, los juglares y los trovadores de Francia y los minnesänger de Alemania. En España, una colección muy importante de melodías semejantes son las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio (siglo XIII). Tanto la música sacra como la profana utilizaban una gran variedad de instrumentos, entre los que se incluyen algunos de cuerda, como la lira, el salterio y la fídula medieval o viella. Entre los instrumentos de teclado destaca el órgano. Para la percusión se utilizaban tambores pequeños y las campanillas.
El cambio estilístico más importante de la música se gestó a comienzos del siglo XIV. El nuevo estilo fue denominado Ars nova (en latín, ‘arte nuevo’) por uno de sus impulsores, el obispo francés Philippe de Vitry. La música resultante era más compleja que cualquiera de las que se hubiera compuesto antes. Reflejaba un nuevo espíritu que destacaba la inventiva y el ingenio del hombre. De Vitry inventó también un sistema de notación que incluía los compases. Esto permitió a los músicos de su época componer con una nueva libertad rítmica. Las nuevas complejidades tomaron diversas formas. Los compositores del Ars nova desarrollaron el principio de los modos rítmicos y crearon modelos rítmicos (llamados talea) de doce o más notas, que se repetían varias veces en una o más voces de la obra. El nuevo principio se llamó isorritmia (del griego iso, ‘mismo’, más ritmo). Se utilizó una voz organizada isorrítmicamente para tejer otras melodías sobre ella y producir de tal modo una compleja trama polifónica. Esta voz se tomaba del canto gregoriano y se la conocía como cantus firmus (en latín, ‘melodía fija’). El género musical en el que se utilizó el principio isorrítmico en mayor grado fue el motete. Algunos motetes contienen, junto con complejidades estructurales, varios textos que se cantan a un tiempo. Una segunda dificultad del Ars nova hace referencia a la estructura completa de la música escrita para la misa. Antes del año 1300 se habían escrito secciones polifónicas para partes de la misa. En el siglo XIV, por primera vez, las cinco secciones del ordinario de la misa (kyrie, gloria, credo, sanctus, Agnus Dei) se trataron en conjunto. El primero que lo hizo fue el canónigo, poeta y compositor Guillaume de Machaut. Su ejemplo no fue seguido hasta el siglo siguiente. Una característica distintiva de este periodo fue la mayor atención otorgada a la música profana. Los compositores más sobresalientes escribieron todo tipo de música. Las melodías sin armonizar que habían cantado en el siglo XIII los trovadores y los troveros se desplegaron en el siglo siguiente en composiciones a dos y tres voces que se llamaron chansons (en francés, ‘canciones’). La estructura métrica y estrófica del texto determinaban la musical. Las más utilizadas en Francia fueron el rondeau, el virelai y la balada. En Italia las formas preferidas fueron el madrigal, la caccia y la ballata. El principal compositor italiano de mediados del siglo XIV fue Francesco Landini.
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