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Palestina, región histórica cuya extensión ha variado en gran medida desde la antigüedad, situada en la costa oriental del mar Mediterráneo, al suroeste de Asia, y actualmente dividida en su mayor parte entre Israel, Jordania (con anterioridad denominada Transjordania) y los territorios autónomos palestinos de Cisjordania y la franja de Gaza.
La región tiene un terreno muy diverso que se divide generalmente en cuatro zonas paralelas. De oeste a este son: la llanura costera; las colinas y montañas de Galilea, Samaria y Judea; el valle del río Jordán, que separa Cisjordania y Transjordania, y la meseta oriental. En el extremo sur se halla el Néguev, un accidentado desierto. La altitud de las elevaciones oscila entre los 395 m bajo el nivel del mar en las costas del mar Muerto, el punto más bajo de la superficie terrestre, y los 1.020 m de la cumbre del monte Hebrón. La región tiene varias zonas fértiles que constituyen su principal recurso natural. Las más notables de todas ellas son la llanura de Sharon, a lo largo del sector septentrional de la costa mediterránea, y la llanura de Esdrelón (o Yizreel), un valle situado al norte de las colinas de Samaria. Sin embargo, el abastecimiento de agua de la región no es abundante; casi todas las precipitaciones anuales se producen durante los meses invernales y son modestas. El río Jordán, el único cauce ininterrumpido de la región, fluye hacia el sur a través del lago Tiberíades (el único lago de agua dulce de la zona) hasta el mar Muerto, de gran salinidad.
Los cananeos fueron los primeros habitantes conocidos de Palestina. Durante el tercer milenio a.C. se establecieron en diversas ciudades-estado, una de las cuales fue Jericó. Desarrollaron un alfabeto a partir del cual se derivaron otros sistemas de escritura; por otro lado, su religión tuvo una importante influencia en las creencias y prácticas del judaísmo, y, más tarde, en el cristianismo y el islam. Su localización —en el centro de las rutas que unían tres continentes— convirtió a Palestina en punto de encuentro de influencias religiosas y culturales procedentes de Egipto, Siria, Mesopotamia y Asia Menor. Fue también el campo de batalla natural de las grandes potencias de la región y estuvo sujeta a la dominación de los imperios vecinos, empezando por Egipto, en el tercer milenio a.C. La hegemonía egipcia y la autonomía cananea padecieron durante el segundo milenio a.C. las invasiones de pueblos tan diversos como los amorreos, los hititas y los hurritas. No obstante, estos invasores fueron derrotados por los egipcios y absorbidos por los cananeos, cuyo número en esa época pudo haber ascendido hasta los 200.000 habitantes aproximadamente. A partir del siglo XIV a.C., cuando el poder egipcio comenzó a debilitarse, aparecieron nuevos invasores: los hebreos, un grupo de tribus semitas procedentes de Mesopotamia, y los filisteos (en hebreo, pelishtim), un pueblo egeo de raza indoeuropea que dio su nombre a la región.
Las tribus hebreas probablemente emigraron a la región siglos antes de que el profeta hebreo Moisés liberara a su pueblo de la servidumbre en Egipto (1270? a.C.), y su sucesor Josué conquistara la mayor parte de Palestina (1230? a.C.). Los conquistadores se establecieron en el área montañosa del país, pero no fueron capaces de conquistar todo el territorio. Los israelitas, una confederación de tribus hebreas, derrotaron finalmente a los cananeos alrededor del año 1125 a.C. pero no ocurrió lo mismo con los filisteos. Éstos habían establecido un Estado propio en la costa meridional de Palestina y controlaban varias ciudades al norte y al este. Con una organización militar superior y gracias al uso de armas de hierro, derrotaron severamente a los israelitas en torno al año 1050 a.C. La amenaza filistea obligó a los israelitas a unirse y a establecer una monarquía. David, el gran rey de Judá e Israel, derrotó a los filisteos poco después del año 1000, con lo que éstos últimos y los cananeos fueron finalmente asimilados. La unidad de Israel y la debilidad de los imperios adyacentes permitió a David establecer un gran reino independiente, cuya capital fue Jerusalén. Bajo su hijo y sucesor, Salomón, Israel disfrutó de paz y prosperidad, pero a su muerte en el año 922 a.C. el reino fue dividido en dos: Israel, al norte, y Judá, al sur. Cuando los imperios cercanos reanudaron su expansión, los israelitas, divididos, no pudieron mantener durante más tiempo su independencia. Israel cayó ante Asiria en los años 722 y 721 a.C., y Judá fue conquistado en el año 586 a.C. por Babilonia, que destruyó Jerusalén y exilió a gran parte de los judíos que la habitaban.
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