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Resultados en Windows Live® Santo Tomás BecketArtículo de la enciclopedia
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Santo Tomás Becket (c. 1118-1170), canciller de Inglaterra y arzobispo de Canterbury, canonizado en 1173. Tomás nació en Londres el 21 de diciembre, probablemente en 1118. Hijo de normandos, su padre, Gilbert Becket, era un comerciante londinense rico y de cierto nivel social.
Tomás fue destinado por sus padres al servicio de la Iglesia y fue educado en el priorato de Merton (Surrey), por entonces una de las principales escuelas de Londres, y posteriormente en París. A su regreso a Inglaterra sirvió como secretario del señor de Pevensey, quien le introdujo en la vida de un caballero, dedicándose a la caza y a la cetrería. Debido a que su padre sufrió un percance financiero, Tomás trabajó durante tres años como pasante y auditor en Londres. A los 25 años se decidió a solicitar un trabajo en la casa del arzobispo de Canterbury, Teobaldo de Bec, un pariente lejano. Allí tomó contacto con el mundo del poder y de la política. Acompañó al arzobispo a un cónclave papal que tuvo lugar en Reims en 1148, realizó diversos viajes a Roma, y fue enviado a estudiar Derecho a Bolonia.
La vida de Tomás volvió a cambiar en 1154, cuando el nuevo rey, Enrique II, le nombró su canciller. Teobaldo y otros obispos le habían recomendado, deseando que la Iglesia pudiera encontrar en él, como mano derecha del rey, a un benefactor y defensor. Los ocho años que trabajó como ministro principal del rey fue un tiempo de servicio pródigo. A cambio, Tomás fue recompensado con una gran riqueza, que exhibió en una magnificencia sin precedentes en el protocolo. Hubo eclesiásticos que se quejaron de que el canciller prestaba poca atención a los intereses de la Iglesia. Sin embargo, sus biógrafos cuentan que preservó la castidad en medio de una corte promiscua, que personalmente fue sobrio en la comida y en la bebida a pesar de la abundancia debida a su hospitalidad oficial, que oraba a menudo por la noche y daba misas al amanecer, y que empleaba a clérigos para que le azotaran como penitencia por sus pecados.
Cuando Teobaldo murió en 1161, el rey decidió nombrar a su canciller arzobispo de Canterbury, el cargo eclesiástico más importante en Inglaterra. Para gran sorpresa e irritación del rey Enrique, Tomás dimitió como canciller tan pronto como fue consagrado arzobispo en 1162. Sin embargo, la brecha entre el rey y el arzobispo no tuvo lugar hasta 1163, cuando discutieron acerca de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Entonces, en un consejo celebrado en Clarendon el 13 de junio de 1164, Enrique hizo público 16 artículos legales, las llamadas Constituciones de Clarendon, a los cuales consideraba representativas de las costumbres del reino en relación con la Iglesia en los días de su abuelo, Enrique I. El rey quiso que Tomás y sus obispos aceptaran aquellos artículos, pero Tomás, aunque en un principio otorgó su conformidad, posteriormente los repudió por ser contrarios al Derecho canónico tal como éste se había desarrollado. Profundamente irritado, el rey determinó romper con Tomás y le acusó de distintas faltas. Tomás huyó de la Corte y, disfrazado, se dirigió de forma tortuosa hacia Francia, para comenzar un exilio de seis años, mientras que el conflicto entre el arzobispo y el rey dividió más y más al mundo occidental.
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