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Gian Lorenzo Bernini

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Urbano VIIIUrbano VIII
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Introducción

Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), artista italiano, una de las figuras más sobresalientes del barroco. Su actividad no se reducía a la escultura, también fue un gran arquitecto, pintor, dibujante y escenógrafo; concibió espectáculos de fuegos artificiales, realizó monumentos funerarios y fue autor teatral. Su arte es la quintaesencia de la energía y solidez del barroco en su apogeo.

En la escultura, su gran habilidad para plasmar las texturas de la piel o de los ropajes, así como su capacidad para reflejar la emoción y el movimiento, eran asombrosas. Bernini introdujo cambios en algunas manifestaciones escultóricas, como los bustos, las fuentes y las tumbas. Su influencia fue enorme durante los siglos XVII y XVIII, y puede comprobarse en la obra de maestros como Pierre Puget, Pietro Bracci y Andreas Schlüter.

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Primeras esculturas

Toda su vida la dedicó al trabajo y su trayectoria se caracteriza por el gran número de proyectos que emprendió. Desarrolló su carrera casi por completo en Roma, aunque había nacido en Nápoles el 7 de diciembre de 1598. Su padre, Pietro Bernini, un escultor de talento del manierismo tardío, fue su primer maestro. Sin embargo, pronto el hijo superó al padre, según señalan las principales fuentes de información: la biografía de Filippo Baldinucci (1682) y la de su hijo Domenico Bernini (1713). Bernini se mantuvo en activo prácticamente hasta su muerte, acaecida el 28 de noviembre de 1680.

Muchas de sus primeras esculturas estaban inspiradas en el arte helenístico. La cabra Amaltea amamantando a Zeus niño y un joven sátiro (que últimamente se cree es de 1609, Galería Borghese, Roma) es un ejemplo típico del gusto por lo clásico del entonces joven escultor. Los grupos escultóricos de maestros anteriores, como Giambologna, se caracterizaban por el hecho de haber sido concebidos para poder ser rodeados por el espectador y ser vistos desde diferentes ángulos. Sin embargo, los grupos escultóricos de Bernini de la década de 1620, como El rapto de Proserpina (1621-1622, Galería Borghese, Roma), presentan al espectador una visión desde una perspectiva única sin sacrificar por ello nada del dramatismo inherente a la escena.

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Trabajos para el Vaticano

También de la década de 1620 son sus primeros proyectos arquitectónicos, como la fachada de la iglesia de Santa Bibiana de Roma (1624-1626) y la creación del magnífico baldaquino (1624-1633), dosel sobre el altar mayor de la basílica de San Pedro, que fue un encargo del papa Urbano VIII, primero de los siete pontífices para los que trabajó. Con este proyecto, obra maestra de ingeniería, arquitectura y escultura, Bernini consiguió concentrar sobre la tumba de san Pedro la perspectiva de la enorme nave central de la basílica, gracias al efecto focalizador de las gigantescas columnas salomónicas, fabricadas en bronce oscuro. El baldaquino fue la primera de una serie de obras monumentales para el Vaticano, seguido de las tumbas de Urbano VIII (1628-1647) y Alejandro VII (1671-1678), ambas en la basílica de San Pedro, que, al incorporar figuras tridimensionales en actitud dinámica, difieren notablemente del enfoque puramente arquitectónico de los sepulcros realizados por artistas anteriores.

En la colosal cátedra de San Pedro (la silla gestatoria, 1657-1666), en el ábside de la basílica, utilizó el mármol, el bronce dorado y el estuco en una espléndida composición en movimiento ascendente, que adquiere un mayor dramatismo con la ventana oval de oro que tiene en el centro y que se convierte en el punto focal de toda la basílica. También es de la década de 1660 la Scala Regia (Escalera Real, 1663-1666), un auténtico juego de ilusiones ópticas, cuyos muros convergentes consiguen magnificar las exiguas dimensiones de esta escalinata, que conecta las habitaciones papales con la basílica de San Pedro. Sus obras vaticanas se completan con la magnífica plaza de San Pedro (diseñada en 1667), que enmarca la entrada a la basílica dentro de un espacio oval dinámico formado por dos galerías de columnatas semicirculares. En efecto, la problemática fachada de Carlo Maderno, aunque de enormes dimensiones, no conseguía la monumentalidad que requería la entrada al templo más importante de la cristiandad. El espectacular atrio que forma la columnata no sólo establece una transición reverente, sino que además, gracias a sus juegos perspectivos, estiliza la fachada y consigue un efecto grandioso con la cúpula de Miguel Ángel. Por desgracia nunca se concluyó el proyecto original, que incluía un tercer brazo que cerraba la plaza, para intensificar el efecto de sorpresa al atravesar la cortina de columnas dóricas.

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Monumentos religiosos y retratos

Bernini fue el primer escultor que tuvo en cuenta el dramatismo potencial de la luz en los grupos escultóricos. Esto se evidencia aún más en su famoso Éxtasis de santa Teresa (1645-1652, Santa Maria della Vittoria, Roma), donde los rayos del sol, surgidos de una fuente invisible, iluminan a la santa en trance y al ángel sonriente que está a punto de traspasarle el corazón con una flecha de oro. Los numerosos bustos que realizó expresan un sentimiento análogo de convincente realismo dramático, tanto los de carácter alegórico como El alma condenada y El alma salvada (ambas de aproximadamente 1619, Casa de España, Roma), como los que eran retratos, por ejemplo el del cardenal Scipione Borghese (1632, Galería Borghese) o el de Luis XIV de Francia (1665, palacio de Versalles). Su última obra, El busto del Salvador (Museo Chrysler, Norfolk, Virginia), presenta una imagen de Cristo sobria y contenida que hoy día ha sido interpretada como la actitud de calma y resignación de Bernini ante la muerte.

Las intervenciones escultóricas de Bernini también destacan en sus obras urbanas, diseminadas por toda la ciudad de Roma: la decoración de la Puerta del Popolo (1655), con motivo de la llegada de la reina Cristina de Suecia, y las fuentes de carácter escultórico, adoptadas de la tradición florentina, entre las que destacan la fuente del Tritón en la plaza Barberini (1642-1643) y la espectacular fuente de los Cuatro Ríos (1648-1651), en la plaza Navona. Con estas obras se establece el modelo de fuente barroca, que desarrolla su programa iconográfico ligado a una imagen escultórica completa y realista del manantial.

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