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Sicilia

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Plaza Pretoria, Palermo, SiciliaPlaza Pretoria, Palermo, Sicilia
Esquema
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Introducción

Sicilia (antigua Trinacria), isla italiana, la más grande del mar Mediterráneo, situada al sur del país. Está separada de tierra firme por el estrecho de Messina. La isla tiene forma triangular y, junto con varias pequeñas islas contiguas, constituye una región de Italia. La extensión de la isla es de 25.707 km². Su población en 2007 era de 5.016.861 habitantes.

El territorio siciliano está compuesto fundamentalmente por una meseta, que se eleva entre 150 y 580 m de altitud. Al norte, las montañas Nebrodi y Madonie son las únicas cadenas montañosas bien definidas, aunque también posee numerosos picos aislados, como el volcán Etna, con una altitud de 3.323 m, situado al este de la isla, y el monte San Giuliano (antiguo Eryx), con 750 m, al noroeste. En las faldas de las montañas se cultivan naranjos y olivos, mientras que la mayor parte de la meseta queda oculta bajo los campos de maíz. La única gran llanura es la de Catania, donde se eleva el Etna. Esta región sufre frecuentes terremotos; el de 1908 causó la muerte de más de 50.000 personas en la ciudad de Messina y pueblos cercanos.

Sicilia está sujeta a una sequía constante y a los devastadores efectos del viento Siroco, que llega a la isla procedente del norte de África. La estación lluviosa (finales del otoño y durante los meses de invierno) contribuye muy poco a mejorar la aridez de la región. La combinación de métodos de cultivo muy primitivos, la escasa utilización de sistemas de regadío y la pobreza de los suelos han hecho que Sicilia tenga una agricultura menos productiva de lo que podría haber sido.

En las tierras montañosas situadas a mayor altitud pueden encontrarse enebros, mientras que en sus vertientes crecen las hayas (véase Fagáceas). En las zonas más bajas hay castaños, robles, olivos, alcornoques y pinos. Aparte de una gran variedad de buitres, pocas especies de animales salvajes pueden encontrarse en la isla.

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Economía

Sicilia es una fuente primordial para el suministro mundial de azufre. También se extraen en la isla otros minerales, como sal sin refinar y asfalto. La industria petroquímica es igualmente representativa y de su producción depende, en gran medida, todo el este de Sicilia, en especial Catania, Siracusa, Ragusa y Gela. La agricultura es todavía hoy la ocupación principal de los sicilianos; el maíz es el cultivo más importante. Los cereales crecen en las grandes propiedades del interior y a lo largo de toda la costa meridional. Otros cultivos son: uvas, almendras, aceitunas, naranjas, limones, judías (frijoles) y zumaque, utilizado para curtir pieles y para tinte. Una cuarta parte de las conservas de pescado producidas en Italia proceden de Sicilia, cuyas especies más importantes son el atún y la sardina; también se capturan corales y esponjas. Otras actividades industriales destacadas son: la producción de vino y aceite de oliva, frutas y verduras en conserva, y la extracción de ácido cítrico. En las principales ciudades de la isla se fabrican artículos en vidrio, metal y fósforos. Sicilia exporta azufre, frutas y verduras, zumaque, sal, vino, aceite y pescado, e importa sobre todo cereales, hierro y carbón. Casi todo el comercio se realiza vía marítima, a través de los tres puertos principales: Palermo (capital de Sicilia), Catania y Messina. El turismo es también una importante fuente de ingresos; muchos visitantes llegan a la isla con el propósito de contemplar sus hermosos monumentos históricos, como las catedrales y las ruinas griegas y romanas de Agrigento, Siracusa, Taormina y otras poblaciones.

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Historia

Sicilia estuvo habitada, al principio, por un pueblo conocido como siculos o sicanos (en latín, sicani), que posiblemente llegaron a la isla desde el extremo meridional de Italia. Se puede decir que la historia de Sicilia comenzó con el establecimiento de colonias fenicias y griegas. Los primeros se asentaron en la parte occidental de la isla. Posteriormente, los griegos levantaron varias colonias de poblamiento que se convirtieron en importantes núcleos comerciales. La primera colonia griega (Naxos) se fundó en el 735 a.C., y la última, Agrigentum (actual Agrigento), alrededor del 580 a.C. Agrigentum y Gela destacaron sobre las demás; bajo el mandato de Falaris, Agrigentum se convirtió, durante algún tiempo, en la colonia probablemente con más poder en Sicilia. El tirano de Gela y luego de Siracusa, Gelón (540-478 a.C.), sometió a la mayoría de las ciudades griegas de la isla.

Los cartagineses llegaron a la isla en el 536 a.C., pero dada la riqueza y el poder de las ciudades griegas (en especial de Siracusa), quedaron confinados al noroeste. Las principales colonias cartaginesas fueron Panormus, Motya y Solois. En la batalla de Himera (480 a.C.), las tropas cartaginesas fueron derrotadas por Gelón de Siracusa, y Ámilcar, jefe de los cartagineses, murió. La hegemonía de Siracusa se consolidó. En el 410 a.C. se reavivó la guerra entre cartagineses y griegos por el control de la isla. A pesar de la presión cartaginesa, la enérgica actitud del tirano de Siracusa, Dionisio I el Viejo (405-367 a.C.), impidió la conquista cartaginesa. En el 246 a.C., Sicilia fue conquistada por Cartago, lo que provocó su entrada en el conflicto de Roma, dando origen a las Guerras Púnicas. El final de la primera Guerra Púnica supuso la incorporación de Sicilia como colonia romana (241 a.C.). Los acontecimientos esenciales de la historia de la Sicilia romana fueron: las dos insurrecciones de esclavos (135-132 a.C. y 102-99 a.C.), el depravado pretorianismo del político romano Gayo Verres (74-70 a.C.) y la ocupación de la isla en el 42 a.C. por el soldado romano Pompeyo el Joven.

En el 440 d.C., los vándalos, dirigidos por Genserico, ocuparon la isla; posteriormente fue cedida al jefe de los ostrogodos Teodorico I el Grande, y en el 535 el general Belisario la recuperó para el Imperio bizantino. El año 827 marcó el comienzo de la ocupación de Sicilia por parte de los sarracenos, cuyas disensiones internas provocaron que en 1061 los normandos, bajo el mandato de Roberto Guiscardo y su hermano Roger I de Sicilia, emprendieran la conquista de la isla, que se consideró terminada en 1091. En 1127, Roger II, conde de Sicilia, fue nombrado duque de Apulia y Calabria, y en 1130 asumió el título de rey de Sicilia. Los dominios de Roger II tomaron el nombre de reino de las Dos Sicilias, porque la parte meridional de Italia fue conocida como ‘Sicilia a este lado del cabo de Faro’.

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Las Dos Sicilias

En 1194, el poder normando en Sicilia pasó a manos de la familia de los Hohenstaufen, cuyo miembro más ilustre fue el emperador Federico II. Al igual que Federico I de Sicilia, tuvo un brillante reinado y, en 1231, proclamó las Constituciones de Melfi, que centralizaban toda la autoridad en Sicilia. El mandato de los Hohenstaufen terminó con la muerte de Federico II, en 1250. Más tarde, Carlos I, conde de Anjou y hermano de Luis IX de Francia, tomó el control del reino en 1266 contando con el apoyo papal. En 1282, los sicilianos se levantaron en contra de su política opresiva. Esta revuelta, conocida como Vísperas Sicilianas, comenzó con una masacre de soldados franceses. Poco después, el reino de las Dos Sicilias quedó dividido; Nápoles siguió bajo el control de la casa de Anjou, pero la isla de Sicilia se proclamó independiente y eligió como rey a Pedro III el Grande, rey de Aragón, emparentado matrimonialmente con la casa de los Hohenstaufen. La ocupación de Sicilia la implicó en la política aragonesa en el Mediterráneo durante los siglos XIV y XV, se benefició del desarrollo comercial aragonés y constituyó la raíz del enfrentamiento con los Anjou en Italia. La ocupación de Nápoles por Alfonso V el Magnánimo (1443) unió ambos reinos, aunque en 1458 se separaron nuevamente.

El rey de Aragón, Fernando II el Católico (rey de Sicilia desde 1468), recuperó en 1504 el reino de Nápoles, manteniéndose así ambos territorios bajo los auspicios de la Corona española. Esto duró hasta la guerra de Sucesión española (1701-1713), quedando Sicilia gobernada por un virrey. Con la firma del Tratado de Utrecht de 1713, Sicilia quedó separada de Nápoles y pasó a manos de Víctor Amadeo II, duque de Saboya, quien la cedió a Austria siete años más tarde a cambio de la isla de Cerdeña (1718).

En 1734, Felipe V invadió Nápoles y Sicilia. Al año siguiente, su hijo Carlos (quien, más tarde, sería coronado rey de España como Carlos III) fue proclamado por el Tratado de Viena rey de las Dos Sicilias (Nápoles y Sicilia) con el nombre de Carlos VII. Tras el segundo Tratado de Aquisgrán (1748), la isla conoció casi 50 años de paz y progresó tanto en el aspecto administrativo, como en el económico y educacional. La convulsión de la Revolución Francesa acarreó nuevos problemas. Fernando I de Borbón, rey de las Dos Sicilias, se unió a la coalición en contra de la República francesa.

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