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Resultados en Windows Live® Lied, término alemán que significa canción. Aunque en su país de origen tiene una acepción más amplia, hoy día, tanto dentro como fuera de Alemania, hace referencia a un tipo de canción íntima escrita para ser ejecutada generalmente por una sola voz, con acompañamiento de piano. En ella se compenetran música y poesía, y ambas partes forman una unidad indisoluble. Nacido de una necesidad precisa, confidente del corazón y de la intimidad amorosa, el Lied se ha convertido en un drama musical condensado desde sus comienzos, que expresa en unos pocos minutos lo que la ópera expone en varias horas. El Lied ha evolucionado de tal manera que ofrece más la imagen de una sensibilidad en movimiento que la de un género musical. Desde los puntos de vista histórico y cronológico, se desarrolló con el compositor alemán Franz Schubert en 1814, aunque tuvo sus antecedentes en Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig van Beethoven. Apareció como un género sin pasado definido, como la más súbita de las mutaciones. Siempre ha existido una influencia recíproca entre la llamada ‘canción popular’ de diversos países y la herencia culta del motete o del madrigal. Tanto Joseph Haydn, como Mozart o Beethoven debieron mucho a los aires populares. Albert Einstein escribió que Schubert no utilizó el folclore vienés, sino que lo creó. Fue el primero en captar la esencia, convirtiendo el Lied en un punto de unión de la intimidad lírica, el Stimmung (en alemán, ‘estado de ánimo’) y la música de cámara. La música vocal debe mucho a la materia verbal de la que asume la estructura, la métrica y el espíritu poético, pues ilumina y reconstruye los textos que sublima. El Lied schubertiano nació con la ayuda de dos movimientos literarios decisivos: el primero, que señalaba el despertar y la toma de conciencia de una sensibilidad burguesa, fue el lirismo pietista y afectivo de Friedrich Gottlieb Klopstock y de su escuela. Schubert descubrió el culto a la muerte, muy importante para él en lo sucesivo. El segundo descubrimiento, de tipo patriótico, revelación de un psiquismo y de una vocación, fue para Johann Gottfried von Herder y el joven Goethe, y luego para la totalidad de los románticos, el hallazgo y la exaltación del folclore literario alemán, reconstruido y sublimado por el esfuerzo de la literatura culta. Goethe o Friedrich von Schiller compartían con la figura legendaria de Ossián y con el escritor escocés Walter Scott prodigiosas visiones épicas. En el universo sonoro de Schubert, su imaginación situaba enfrentadas figuras vehementes hasta los confines de lo irreal, en una intensidad humana y sobrenatural que las elevaba muy por encima del folclore. Las hacía depender del mito (cosa que no se había encontrado antes de Wagner) y las situaba en un espacio sobrenatural que superaba la condición humana. Antes de morir, Schubert descubrió a un kafkiano en potencia: Heinrich Heine, quien mantenía un estrecha amistad con el compositor Robert Schumann y con otros poetas heterodoxos como Lenau Nikolaus o Joseph Eichendorff. Lo que relaciona misteriosamente a Schubert con Schumann, Hugo Wolf y Johannes Brahms en sus Lieder es una idéntica irremediable nostalgia que abarca todo el siglo XIX: el sueño de una obra en donde se exprese el mito del tiempo, que finalmente se desvanecerá en el gran fresco de la Gurrelieder, una alucinante cantata sobre poemas de Jens Peter Jacobsen compuesta por Arnold Schönberg entre 1900 y 1911. Pero antes de que esto ocurriera, Wagner había escrito el ciclo Wesendonck (1857-1862), Richard Strauss su Mañana (1893-1894) y Gustav Mahler había publicado los Lieder eines fahrender Gesellen (1883-1885) y la sinfonía vocal Das Lied von der Erde (El canto de la tierra, 1908). A partir de entonces, el Lied todavía conoció en su agonía los temblores expresionistas de Schöberg y de Alban Berg, así como los destellos luminosos de Anton von Webern.
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