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Biblia

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Esquema
6.1.2. 1
Características generales

La poesía hebrea tiene dos características principales, una fácil de reconocer incluso en una traducción, y una segunda más difícil de discernir. La característica más obvia es el uso del parallelismus membrorum o paralelismo de versos u otras partes. Por ejemplo, el significado de un versículo puede reformularse o repetirse en un segundo versículo, como en Sal. 6,1: “Yahvé, no me corrijas en tu cólera, en tu furor no me castigues”. Se trata, como resulta obvio, de sinónimos. Por otra parte, la segunda línea de la unidad puede exponer el aspecto negativo de la aseveración de la primera, como en Prov. 15,1: “Una respuesta suave calma el furor, una palabra hiriente aumenta la ira”. En otros casos, la segunda línea puede ampliar o explicar la primera y en otras circunstancias el paralelismo es pura formalidad. Una importante ventaja de la mayoría de las traducciones modernas de la Biblia es que mantienen la forma poética del hebreo, permitiendo al lector disfrutar y comprender la estructura del original.

La otra característica importante de la poesía hebrea es el ritmo, que parece haberse basado en el número de acentos en cada línea. Una de las métricas más fáciles de reconocer es la de la kiná (endecha o lamentación), en la que la primera línea tiene tres sílabas acentuadas y la segunda, dos.

Los libros poéticos abarcan una gran diversidad de géneros. Los más difundidos son los diversos cantares de adoración (Salmos) y la poesía sapiencial. Además, la Biblia incluye un libro de poesía amorosa, el Cantar de los Cantares.

6.1.2. 2
Poesía lírica

La literatura cultual (del culto religioso) de Israel era poesía lírica; es decir, poesía pensada para ser cantada. La mayoría de estos libros, aunque no todos, están recopilados en Salmos. Muchos son himnos: canciones de alabanza a Dios, a sus obras a favor de Israel o a su creación. Otros son lamentaciones de la comunidad o cantares de queja que, de hecho, son oraciones de petición, cantadas por el pueblo cuando se veía enfrentado a una situación difícil. Casi una tercera parte de los Salmos son lamentaciones individuales, cánticos utilizados por o en nombre de individuos al borde de la muerte o del desastre. Una vez que la nación o el individuo han sido salvados de sus infortunios, se cantan poesías de acción de gracias. Unos pocos salmos, como 2, 45 y 110 celebran la coronación de un rey en Israel como egregio siervo de Dios.

6.1.2. 3
Poesía sapiencial

La poesía sapiencial incluye colecciones de refranes de sabiduría y poemas breves, como en Proverbios, y largas composiciones, como en Job, Eclesiastés y Eclesiástico. Los materiales sapienciales más concisos son proverbios, refranes y admoniciones, por lo general de uno o dos versos de longitud. Algunos eran sin duda refranes tradicionales o populares mientras que otros llevan el sello de la reflexión y la composición creativa. Proverbios 1-9 contiene un conjunto de poemas sobre la naturaleza de la propia sabiduría, mientras que Job es una composición poética larga en forma de diálogo enmarcado en un cuento popular. Eclesiastés es una obra un tanto inconexa y Eclesiástico es un libro escrito por un maestro judío que más tarde tradujo su nieto.

La temática central de los refranes sapienciales abarca desde los consejos prácticos para una vida provechosa y próspera, hasta reflexiones acerca de la relación entre transitar por el camino de la sabiduría y obedecer a la ley revelada por la divinidad. A Job, al menos en cierto sentido, le atormenta el sufrimiento de los justos, en tanto que Eclesiastés es una triste reflexión acerca del significado de la vida por parte de alguien que se halla a las puertas de la muerte.

6.1. 3

Materiales proféticos

Los profetas eran conocidos en otras regiones del antiguo Oriente Próximo, pero ninguna otra cultura desarrolló un cuerpo de literatura profética comparable al de Israel. Por ejemplo, los antiguos autores egipcios escribieron obras literarias llamadas ‘profecías’, pero por su forma y contenido eran diferentes de los libros proféticos de la Biblia.

La mayoría de los libros proféticos hebreos contienen tres tipos de literatura: narraciones, oraciones y discursos proféticos. Por lo general, las narraciones son relatos o reseñas de la actividad profética, atribuidos al propio profeta o contados por una tercera persona. Incluyen descripciones de visiones, reseñas de acciones simbólicas, relaciones de actividades proféticas (como, por ejemplo, los conflictos entre los profetas y sus opositores) y narraciones o notas históricas. Uno de los libros de la colección profética, Jonás, es en realidad un relato acerca de un profeta, y contiene un solo versículo de mensaje profético (Jon. 3,4). Las oraciones incluyen himnos y peticiones, como las lamentaciones de Jer. (por ejemplo, Jer. 15,10-21).

En la literatura profética predominan los discursos, ya que la actividad inherente del profeta consistía en difundir la palabra de Dios relativa al futuro inmediato. Los mensajes más comunes son profecías de castigo o de salvación. Tanto unas como otras están contextualizadas, como la mayoría de los discursos proféticos, por fórmulas que identifican las palabras reveladas por Dios; por ejemplo, “oráculo de Yahvé”. Por lo general, la profecía de castigo explica las razones de éste en términos de injusticia social, arrogancia religiosa o apostasía y asimismo detalla la naturaleza del desastre, militar o de otra índole, que recaerá sobre la nación, grupo o individuo a la que va dirigida. Las profecías de salvación anuncian la inminente intervención de Dios para rescatar a Israel. Otros discursos incluyen las profecías contra las naciones extranjeras, discursos de aflicción que enumeran los pecados del pueblo, admoniciones o advertencias (véase Profecía).

6.1. 4

Leyes

La materia legal es tan destacada en las Escrituras hebreas que el judaísmo llamó Torá (del hebreo torah, ‘ley’) a los primeros cinco libros y los primitivos cristianos a la totalidad del Antiguo Testamento. Los textos legales son dominantes en Éxodo, Levítico y Números. El quinto libro de la Biblia fue denominado Deuteronomio (‘segunda ley’) por sus traductores griegos, aunque el libro es en síntesis un informe de las últimas palabras y hechos de Moisés. Contiene, no obstante, numerosas leyes, por lo general en el contexto de la interpretación y la predicación o el sermón.

Según la tradición bíblica, la voluntad de Dios fue revelada a Israel a través de Moisés al establecer la alianza en el monte Sinaí. En consecuencia, todas las leyes —a excepción de las contenidas en Deuteronomio— pueden encontrarse desde Éxodo 20 hasta Números 10, donde se relatan los acontecimientos que tuvieron lugar en Sinaí.

Los especialistas han detectado en las leyes hebreas dos modalidades principales, las apodícticas y las casuísticas. La ley apodíctica está representada por los Diez Mandamientos (Éx. 20,1-21; 34,14-26); (Dt. 5,6-21), aunque no se limita a ellos. Estas leyes, que por lo general se encuentran en compilaciones de cinco o más, son sucintas manifestaciones, inequívocas y sin ambigüedades de la conducta humana que Dios exige. En caso de ser positivas, se denominan mandamientos; si son negativas, se trata de prohibiciones. Por otra parte, cada una de las leyes casuísticas consta de dos secciones. La primera establece una condición (“Si un hombre roba un buey o una oveja, y los mata o vende...”) y la segunda las consecuencias legales (“...pagará cinco bueyes por el buey, y cuatro ovejas por la oveja”, Éx. 21,37). Por lo general, estas leyes se refieren a los problemas que pueden surgir en la vida rural y urbana. Las leyes casuísticas son similares en su forma, y a menudo en su contenido, a las normas recogidas en el Código de Hammurabi y otros códigos legales del antiguo Oriente Próximo.

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