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Esquema
Introducción; Los hebreos en Canaán; La monarquía; El destierro; Los judíos después del exilio; Los judíos en la edad moderna; Inmigración a Palestina y creación del Estado de Israel
La migración judía a América se realizó en forma casi simultánea a la fundación de las primeras colonias americanas. Muchos judíos sefardíes (descendientes de españoles o de portugueses) se establecieron primero en Brasil. Sin embargo, la persecución a la que les sometió la Inquisición volvió a obligarles a huir. La primera comunidad de judíos en Norteamérica fue fundada en 1654 por algunos de los que habían abandonado Brasil, en la colonia holandesa de Nueva Amsterdam (actual Nueva York). En el periodo de la lucha por la independencia de Estados Unidos, hacía 1780, llegaba a 2.000 el número de judíos que vivían en las colonias. Durante gran parte del siglo XIX, la mayoría de los inmigrantes que llegaron a Estados Unidos después de 1815 provenían de Alemania, huyendo del antisemitismo surgido después de la caída de Napoleón y la fallida revolución de 1848. Hacia 1880, la comunidad judía en Estados Unidos alcanzaba los 250.000 individuos, y esta cifra aumentó considerablemente durante los siguientes 40 años, cuando casi tres millones de inmigrantes judíos llegaron a este país procedentes del este de Europa. Esta emigración a gran escala cesó en 1924, cuando entraron en vigor las restricciones impuestas por un sistema de cupos de entrada. En Argentina los primeros grupos de judíos surgieron hacia 1868. Más tarde (1912-1917), debido a la desintegración del Imperio otomano y a la persecución musulmana, llegaron nuevos contingentes tanto a territorio argentino como mexicano, particularmente a la zona de Puebla y Yucatán. Hacia 1941 se produciría una nueva oleada en todo el continente americano de gentes que huían de la persecución nazi.
La emancipación de los judíos tuvo importantísimos efectos religiosos, culturales y políticos. Lentamente, a medida que se creaban su propio espacio en el mundo moderno, el poderoso muro creado para proteger a la comunidad judía dentro del seno del judaísmo tradicional comenzó a derrumbarse. Moses Mendelssohn (1729-1786) ejerció una fuerte influencia gracias a sus esfuerzos por adecuar el judaísmo al mundo moderno, tanto en el ámbito religioso como en el modo de vida. Tradujo la Torá al alemán y enseñando la importancia de establecer una relación cultural entre los judíos y el entorno no judío. Mendelssohn insistió en la necesidad de introducir también las materias profanas en la educación judía, y abrió así la vía para el intercambio intelectual y cultural entre el judaísmo y el resto del mundo, especialmente el cristiano. Uno de los resultados del esfuerzo de Mendelssohn fue el nacimiento del judaísmo reformista, movimiento iniciado por los judíos alemanes. Muchas familias de judíos se convirtieron al cristianismo para aumentar así sus oportunidades cívicas y culturales, sin que ello provocase la conmoción que habría causado sólo un siglo antes. El propio nieto de Mendelssohn, Felix Mendelssohn, famoso compositor alemán, se convirtió al cristianismo, al igual que el poeta Heinrich Heine, quien a pesar de ello siempre conservó un gran amor por su primer judaísmo. Benjamin Disraeli, uno de los más importantes estadistas británicos, era también hijo de un judío converso. La comunidad judía experimentó durante el siglo XIX un renacimiento cultural conocido como Haskalá (Ilustración). Comenzó en Europa oriental; y una vez más los judíos empezaron a escribir en hebreo, a interesarse por la nueva ciencia de Darwin y de Thomas Huxley y también a estudiar la Biblia, para poder dar una interpretación científica a la Sagrada Escritura. Se publicaron novelas, poesías e historia en hebreo, que volvió a ser una lengua viva. Se dignificó el uso del yidis entre los judíos de Europa oriental, debido a que había sido usada como lengua literaria en los trabajos de importantes escritores como Mendele Mokher Sefarim, Shalom Aleichem, Isaac Leib Peretz y Sholem Asch. El renacimiento cultural de la Haskalá, que era específicamente judío, fue muy importante para el resurgimiento de la esperanza en un retorno a lo que consideraban su propia tierra, Palestina, guiándose por lo que indicaban sus estudios de la herencia judía.
A finales del siglo XIX, especialmente en Alemania y en Francia, surgieron movimientos hostiles a los judíos que se designaron con el nombre de antisemitismo, porque sus seguidores no basaban su oposición en la religión judía, sino en lo que ellos consideraban la raza judía: los semitas. En Alemania, Francia, Austria y Hungría se reformaron los partidos políticos para evitar que los judíos ocuparan cargos de importancia en ellos. En Francia, el llamado caso Dreyfus, que comenzó con el juicio, basado en pruebas falsas, de un oficial del Ejército, el judío Alfred Dreyfus, se transformó en un asunto de gran trascendencia política. Uno de los asistentes al juicio de Dreyfus, el escritor austriaco Theodor Herzl, llegó a la convicción de que la única solución al problema del antisemitismo estaba en la creación de un Estado nacional judío. En 1896, Herzl se convirtió en el fundador del sionismo político. Durante los siguientes 50 años, la organización sionista planificó un programa de acción y luchó para lograr sus objetivos, lo que finalmente se materializó en la creación del Estado de Israel. Durante la primera mitad del siglo XX, en especial durante el periodo de entreguerras, el antisemitismo se convirtió en una fuerza importante en la política europea, sobre todo en Alemania. Se inscribió rápidamente en muchas legislaciones nacionales, como por ejemplo las leyes de Núremberg, en Alemania (1935), donde los judíos se vieron privados de la nacionalidad alemana, así como de los derechos más elementales; o las leyes antisemitas francesas de 1940. El desarrollo del nacionalsocialismo y otras formas de totalitarismo, primero en Alemania y después en buena parte del resto de Europa occidental, amenazó a todos aquellos con orígenes judíos y se tradujo en una política de exterminio sistemático que llevó al asesinato de 6 millones de judíos europeos. Este periodo de persecución, de deportación a campos de concentración y asesinato en masa, o genocidio, de judíos europeos recibe el nombre de Holocausto.
Los supervivientes del Holocausto siguieron múltiples caminos. Muchos de ellos marcharon hacia Palestina, donde la comunidad judía había ido creciendo constantemente desde el primer asentamiento de 1880. En 1947, la oleada de judíos supervivientes del nazismo elevó su número a 600.000. En noviembre de este mismo año, la Organización de Naciones Unidas (ONU) votó la partición de la zona en dos estados, uno árabe y otro judío. Dicho plan fue aceptado por los judíos y rechazado por los árabes, quienes en la lucha posterior resultaron derrotados. El Estado de Israel fue establecido el 14 de mayo de 1948. Actualmente continúan llegando a Israel oleadas de inmigrantes judíos procedentes de todo el mundo, sobre todo de Rusia. La presencia masiva de refugiados, y la consiguiente demanda de recursos para poder absorberlos, ha llevado en ocasiones a tensiones sociales importantes. Por otro lado, a pesar de la euforia inicial, la seguridad, que requiere del empleo de una enorme energía, sigue siendo el principal problema del Estado de Israel, así como el objetivo de la actividad de una buena parte de la comunidad judía en la diáspora.
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