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Barcos de guerra

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Esquema
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Introducción

Barcos de guerra, naves construidas para realizar diferentes operaciones en la guerra naval moderna. Las fuerzas navales modernas se integran de una gran variedad de barcos cada vez más especializados, como adaptación a las nuevas estrategias y tácticas cambiantes de la guerra en la mar. Aunque las flotas de las superpotencias han evolucionado a partir de antiguas tradiciones que llegan hasta los días de la vela y el remo, el papel actual de la marina es muy diferente. Hasta los primeros años del siglo XX, la marina de un país era el principal medio para extender su poder a todo el globo. Un buen ejemplo de esto es el absoluto dominio que Gran Bretaña ejerció durante 150 años sobre los océanos del mundo. Sin embargo, desde la II Guerra Mundial, cuando las aeronaves de gran alcance pueden atacar cualquier lugar del mundo en cuestión de horas y los submarinos nucleares llevan misiles capaces de destruir más de cien ciudades en un solo ataque, no es de extrañar que la importancia del barco haya disminuido. Hoy en día la marina cumple otras funciones dentro de la actividad militar de un país.

La marina de superficie de un país cumple con tres objetivos principales: buscar y destruir los submarinos de disuasión nuclear del enemigo, transportar una fuerza aérea ofensiva a los lugares del mundo donde no se dispone de grandes bases aéreas o éstas son inadecuadas, y transportar y apoyar a las tropas de tierra gracias a los desembarcos anfibios. Estas diferentes funciones han hecho que las marinas de guerra modernas se estructuren por flotas de ataque más que como una flota combinada. Cada flota de ataque está equipada con naves apropiadas para su misión. (Ver Portaaviones).

La cambiante tecnología de la guerra moderna ha tenido sobre las fuerzas navales un efecto tan profundo como sobre los carros de combate y los aviones. Hasta el final de la I Guerra Mundial las grandes flotas de barcos de guerra blindados, armados con cañones de 40 centímetros de calibre, forzaban sus motores de vapor buscándose una a otra a través de los océanos. Cuando se iniciaba una batalla, cada flota se desplegaba formando líneas y se disparaban entre sí, a distancias muy cortas, tal y como hiciera Nelson en Trafalgar.

Los avances tecnológicos de la II Guerra Mundial pusieron las bases de la marina contemporánea. El radar consiguió que el capitán de un buque no dependiese ya de una aguda visión que pudiese detectar el blanco en el horizonte para apuntar mejor. Los primeros ordenadores también consiguieron que los disparos fuesen más exactos y mortales. El misil alemán V-1 fue el primer paso dado hacia el misil de crucero que hoy en día domina la guerra naval.

En los últimos años las contiendas navales se parecen más a una persecución aérea que a las acciones del pasado. Los barcos tantean con sus sensores en busca del enemigo y usan misiles teledirigidos de precisión para dar la estocada final. Los cañones son cosa del pasado y la mayor parte de los barcos, con independencia de su tamaño, disponen de armas de pequeño calibre de disparo rápido que utilizan como defensa antiaérea y última barrera frente a los misiles. A diferencia de los maniobrables aviones de combate, un barco con una velocidad máxima de 72 kilómetros por hora no tiene ninguna posibilidad de esquivar a un misil disparado por un avión supersónico a una velocidad de 800 kilómetros por hora. Una dirección precisa y una cabeza con 200 kilogramos de carga explosiva aseguran que un misil que dé en el blanco impida que éste lleve a cabo su misión y con toda probabilidad lo hunda. La única posibilidad del barco es evitar que le disparen o destruir el misil en vuelo, lo cual no es fácil. La estrategia de la guerra naval moderna consiste en localizar al enemigo para anticiparse a sus intenciones.

Los barcos también son vulnerables a los ataques desde la profundidad de los mares, ya que la mayoría de los submarinos están especializados en su caza y destrucción y son capaces de buscar y destruir tanto las naves de superficie como otros submarinos que llevan misiles balísticos y que constituyen su objetivo principal. Por estas razones, los barcos de guerra disponen muchas veces de armamento antiaéreo o antisubmarino y en una flota de ataque deben estar presentes ambos tipos de naves. Aunque los barcos se clasifican por sus objetivos, se sigue manteniendo la clasificación tradicional por tamaños. Sin embargo, las expresiones 'crucero', 'destructor' o 'fragata' tienen hoy día un sentido muy diferente del que les hubiera dado un almirante del siglo XIX.

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Acorazados

En la década de 1980, la Marina estadounidense volvió a poner en activo cuatro acorazados gigantes de la clase Iowa, capaces de desplazar 54.000 toneladas y que llevaban nueve cañones de 41 centímetros. También se instalaron en ellos lanzadores de misiles de crucero Tomahawk. Tanto los cañones como los misiles se usan sobre todo para bombardear la costa, algo que hicieron durante la guerra del Golfo Pérsico en 1991. A pesar de la puesta en activo de estos barcos de clase Iowa, siguen en pie las razones que en su día se alegaron contra este acorazado. Son grandes y, por tanto, fáciles de encontrar, lentos y, a pesar de su blindaje de acero de 40 centímetros de espesor, siguen siendo vulnerables a los misiles, que pueden transportar una carga explosiva capaz de atravesar un blindaje mucho mayor del que tuvieron en la década de 1940. Hoy un barco de clase Iowa tiene una tripulación de sólo 1.800 personas mientras que en la II Guerra Mundial era de 6.000 personas. La clase Iowa volvió a ponerse en activo como reflejo de las exigencias de un mundo en el que la amenaza de la Marina rusa se debilitaba. En cualquier caso los acorazados son demasiado vulnerables y de poca utilidad táctica, en una posible guerra naval entre flotas de ataque modernas en el Atlántico Norte.

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Cruceros

Los cruceros son grandes barcos de guerra capaces de desplazar 10.000 toneladas. Algunos, como la clase Moskva rusa o el Invincible británico de cubierta oblicua, transportan aviones de alas fijas. La mayoría pueden llevar helicópteros para el reconocimiento y la búsqueda de submarinos. Los de mayores dimensiones pertenecen a la clase Kirov rusa. Éstos pueden desplazar 28.000 toneladas y están armados con misiles de superficie y con una gran variedad de sensores y armas antisubmarinos. Están preparados para añadir una gran potencia de choque al grupo de un portaaviones o para llevar a cabo en solitario una expedición de guerra antisubmarina. Otros cruceros más pequeños de la Marina rusa, como las clases Slava o Kara, están todavía más especializados y por lo general sólo intervienen en acciones de superficie o en la guerra antisubmarina. En la Marina estadounidense la mayoría de los cruceros son barcos de defensa antiaérea cuya misión es proteger a los portaaviones nucleares gigantes. Algunos, como la clase USS Virginia, poseen también un reactor nuclear con lo que su velocidad y resistencia se equipara a los portaaviones que escoltan. Otros disponen de sofisticados sistemas ofensivos aire-aire. La clase Aegis, por ejemplo, lleva un potente conjunto de radar en fase que proporciona 360° de visión y puede seguir hasta 200 objetivos de forma simultánea. Los ordenadores eligen automáticamente las armas más apropiadas para atacar: desde los misiles cargados hasta las ametralladoras Phalanx multicañón de corto alcance, pero siempre bajo la supervisión de los oficiales responsables. El sistema puede funcionar de forma autónoma en un entorno de alto peligro: la clase Aegis alcanzó cierta fama cuando uno de esos barcos derribó por accidente un avión civil iraní en 1988. Estos cruceros tienen una velocidad máxima de unos 30 nudos y una tripulación aproximada de 600 personas.

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Destructores

La línea divisoria entre cruceros y destructores no está clara. Los destructores son por lo general barcos de unas 5.000 a 10.000 toneladas. Sin embargo, los destructores estadounidenses de clase Spruance tienen el mismo casco que los cruceros de 9.600 toneladas de clase Ticonderoga. En las marinas de la OTAN los destructores son sobre todo barcos de defensa aérea, aunque la mayoría tiene cierta capacidad antisubmarina. Los destructores rusos, como las clases Sovremenny y Udaloy de 8.000 toneladas, se utilizan para la guerra de superficie y antisubmarina. Los destructores europeos suelen ser más pequeños: por ejemplo, los británicos HMS Bristol de 7.000 toneladas y el Manchester de 5.000 toneladas. Los destructores suelen tener al menos una torreta contra ataques de superficie dotada con un cañón de hasta 12,5 centímetros de calibre. Esto se debe a la necesidad ocasional de enfrentarse a otros barcos en posibles situaciones de combate. Lo normal, sin embargo, es que los destructores formen una 'pantalla' alrededor de una formación de ataque que se despliega entre el valioso portaaviones o los barcos de ataque anfibio y las amenazas aéreas o submarinas más graves. Los destructores pueden alcanzar velocidades de 33 nudos y tienen una tripulación de 400 personas.

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