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Nacionalismo (música)

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Isaac Albéniz: Suite españolaIsaac Albéniz: Suite española
Esquema
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Introducción

Nacionalismo (música), movimiento musical que surgió en la segunda mitad del siglo XIX con objeto de reafirmar los valores esenciales de cada raza o nación a través de su música popular o de su folclore. Es una reacción a la agobiante presión del romanticismo germano y de la ópera italiana, que invadían y condicionaban la música europea del momento.

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Orígenes

El nacionalismo tiene su origen en el romanticismo. La libertad que durante tanto tiempo proclamó este movimiento tuvo como resultado el hecho de que las naciones desearan elegir libremente su propio destino (lo que se dio a conocer como la primavera de los pueblos), y que los artistas buscaran nuevas estéticas que se ajustaran más a sus propios sentimientos y cultura. Acontecimientos históricos como la invasión napoleónica, contribuyeron a enardecer los ánimos, despertando sentimientos de unidad y de firme voluntad de diferenciarse de sus vecinos. Así mismo, surgió el deseo de unión en diferentes grupos y pueblos para defenderse de la 'dominación' extranjera.

Ciertos acontecimientos políticos e históricos como la declaración de independencia de Estados Unidos; el congreso de Viena, que declaraba los derechos de cada nación a fijar sus fronteras; la separación de Grecia y Turquía y de Holanda y Bélgica o la unificación de Alemania y de Italia, condujeron al desarrollo de las ideas nacionalistas. Sin embargo no fue fácil determinar las auténticas raíces de este movimiento. El auténtico nacionalismo tuvo un alcance internacional ya que partiendo de acentos populares logró trascender el color localista. Lo difícil, pues, fue conjugar lo nacional y lo universal.

Durante toda la primera mitad del siglo XIX, Francia y, sobre todo, Alemania e Italia, eran las que marcaban el gusto musical de la sociedad europea. Cuando los países empezaron a tomar conciencia de sus propios valores nacionales, trataron de liberarse de todo servilismo extranjero, especialmente del sinfonismo alemán y de la ópera italiana, en la búsqueda de nuevas expresiones musicales basadas en sus propios folclores, ritmos y danzas, a los que consideraban expresión peculiar de sus sentimientos nacionales.

Los primeros ejemplos de este movimiento los podemos encontrar en músicos como Frédéric Chopin con sus polonesas; Franz Liszt con sus rapsodias húngaras, donde se trasluce el espíritu germánico, y Giuseppe Verdi que enardecía con su música los ánimos italianos. Pero lógicamente donde con más fuerza se hizo notar este movimiento fue en aquellos países que, como Rusia, España, Hungría o los países nórdicos, al estar tanto tiempo bajo la influencia germana e italiana, sintieron la necesidad de crear algo distinto, algo nacional, buscando las raíces de su propio pueblo.

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Rusia

Así pues, el primer nacionalismo surgió en Rusia con la ópera La vida por el Zar o Ivan Susanin (1836) del compositor Mijaíl Glinka, cuyo argumento y melodías son enteramente rusas. A éste le seguiría Alexandr Dargomizhski (1813-1869) con las óperas Rusalka (1855) y El convidado de piedra (1871). Pero por encima de todo destacó el llamado grupo de los Cinco compuesto por: Mili Balakirev, su impulsor, excelente pianista y autor del poema sinfónico Tamara (1867-1882); César Cui (1835-1918) que se inspiró en el folclore ruso para componer obras como la ópera William Ratcliff (1869); Modest Músorgski, el que más profundiza en el alma rusa, con lagunas técnicas pero de gran inspiración, intuitivo e innovador. Su ópera Borís Godunov (1874) es una obra maestra de la música rusa, inspirada en la historia del zar Boris. Los dos últimos miembros del grupo son: Nikolái Rimski-Kórsakov, mejor preparado técnicamente pero menos dotado que su compañero Músorgski, su mejor obra es Scheherazade (1888) y Alexandr Borodín, un niño prodigio de la música, compuso la famosa ópera El príncipe Ígor (1862-1867) y el poema sinfónico En las estepas del Asia Central (1880).

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España

El nacionalismo español se desarrolló algo más tarde que en otros países. Los principales representantes fueron Isaac Albéniz, Felipe Pedrell, Enrique Granados y, ya en el siglo XX, Manuel de Falla quien convirtió la música española en un fenómeno universal.

En la obra de Albéniz destacan las composiciones basadas en la música popular de cada una de las regiones de su país; así encontramos la Suite española o la suite orquestal Catalonia (1899). Pedrell (1841-1922) desarrolló una importante labor de investigación sobre la música española, que dio como resultado el Cancionero popular español (cuatro volúmenes, 1919). Granados destacó como compositor de música para piano; su obra maestra es la suite Goyescas (dos volúmenes, 1912 y 1914) inspirada en los grabados del pintor español Francisco de Goya. Por último, Manuel de Falla se encuentra a medio camino entre el nacionalismo decimonónico y las nuevas tendencias que comenzaron a desarrollarse en el siglo XX. Entre su variada producción destacan obras tan populares como Noches en los jardines de España (1909-1915), cuyo primer movimiento está inspirado en los jardines del Generalife en la Alhambra de Granada, y El amor brujo (1915) con su célebre 'Danza del fuego'.

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