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Clasicismo (música)Artículo de la enciclopedia
Esquema
Introducción; El clasicismo, un estilo universal; Génesis del clasicismo; Aportaciones del clasicismo; El nacimiento de la sinfonía; La ópera; Haydn y Mozart; El clasicismo hispano; Beethoven y Schubert
Italia era uno de los principales centros musicales en el periodo del clasicismo y fue allí donde brotaron las primeras semillas para el desarrollo de la sinfonía. La obertura de ópera se estableció en Italia alrededor de 1700, pero no fue hasta mucho más tarde cuando sus tres secciones fueron separadas del teatro para ser interpretadas aparte. Los primeros compositores italianos de sinfonías fueron Guiseppe Tartini y Giovanni Battista Sammartini. Sin embargo, pronto se impuso el predominio alemán en ese campo, especialmente en Mannheim, donde se hizo famosa la orquesta dirigida por Johann Stamitz bajo el patrocinio del elector Karl Theodor por su disciplinada precisión, que causó una gran impresión en Mozart. La escuela de Mannheim combinó el lirismo italianizante con la fuerza dramática de recursos instrumentales tales como el crescendo y el trémolo. El desarrollo de la orquesta clásica también debe mucho a los compositores austriacos Georg Matthias Monn y Georg Christoph Wagenseil, cuyo eclecticismo moderó la simplicidad del nuevo estilo y mantuvo los instintos de la experiencia contrapuntística. Las bien documentadas distinciones de los estilos nacionales a mediados del siglo XVII, dieron pie a una perspectiva verdaderamente internacional durante la época de Haydn y Mozart. Johann Christian Bach, hijo menor de Johann Sebastian Bach, tras estudiar en Alemania e Italia, comenzó con éxito una carrera como compositor e intérprete en Londres después de haber sido organista de la catedral de Milán. La gracia, elegancia y a veces melancolía de su lenguaje musical muestran la influencia inmediata del joven Mozart.
El desarrollo de la comedia tuvo una importante influencia en el terreno de la ópera a lo largo del siglo. Los intermedios cómicos, que se representaban entre los actos de las óperas serias, introdujeron personajes, intrigas y situaciones extraídas de la vida real. La opera buffa pronto se independizó en obras como La serva padrona (1733), de Giovanni Battista Pergolesi. El género comenzó a adquirir una enorme influencia, que no perdió hasta las tres colaboraciones de Mozart con el libretista Lorenzo da Ponte: Las bodas de Fígaro (1786), Don Giovanni (1787) y Così fan tutte (1790). Durante el clasicismo también se produjo un movimiento de reforma de la ópera seria que trajo consigo una reducción de la importancia del aria y un incremento de los valores dramáticos, de los recitativos acompañados y de los coros. Invocando la razón y el buen gusto, Christoph Willibald Gluck describió así el virtuosismo vocal o los ritornelli orquestales interminables: '... siempre me he esforzado en mi música por destacar el texto de una manera simple y natural por medio de la expresión y la declamación adecuadas'. La insistencia de Gluck de que toda ópera debía poseer un significado moral y expresar las emociones humanas, le han convertido en una figura destacada del clasicismo. Pero, a finales del siglo XVIII, la enorme influencia de la ópera seria italiana decaería, y los últimos exponentes de su refinada elegancia fueron compositores como Johann Adolf Hasse y Niccolò Jommelli.
Más que cualquier otro compositor, Haydn logró sintetizar durante la década de 1770 los lenguajes anteriores, combinando lo culto y lo popular, lo cómico y lo serio. Entre los elementos más importantes del principio del clasicismo está la articulación de formas a gran escala y el empleo de la modulación entre la tensión y el relajamiento, que cultivaron tanto Haydn como Mozart. Si bien la interacción de forma y contenido implica una variedad de proporciones tonales dentro de cada movimiento individual, algunos elementos de la relación entre materia y tonalidad han dado lugar a la aparición del término, a veces confuso, de forma sonata. Se trata en este caso del desarrollo de la estructura binaria del barroco que puede verse, sobre todo, en los primeros movimientos de las obras clásicas. El término 'principio de la sonata' describe de manera más adecuada un procedimiento que refleja el lenguaje musical natural de la época y que podía fácilmente combinarse con otros elementos como el rondó e incluso la fuga. El desarrollo de los motivos de Haydn a partir de su material, suele contrastar con la vena italianizante de la lírica de Mozart, incluso aunque las estructuras de sus respectivas formas musicales se parezcan en lo superficial. La universalidad alcanzada por Haydn se vio reforzada en su música por ciertos toques de folclore, uno de los medios con los que pretendió responder a las expectativas de su público. Sus doce Sinfonías de Londres (nº 93-104, 1791-1795) ilustran con efectividad el alcance de su estilo orquestal de la madurez. Mozart también fue consciente de la necesidad de ser accesible, pero al mismo tiempo en la década de 1780 se sintió atraído por la realización de un fructífero estudio de los complejos procedimientos de J. S. Bach. El contrapunto siguió existiendo a partir de entonces no sólo en contextos sinfónicos como la Sinfonía nº 41 en do mayor, Júpiter (1788), sino también en géneros menos obvios, como los conciertos para piano. También supuso la profundización de las posibilidades dramáticas de la música de Mozart para el teatro, sobre todo en el trazado de personajes individuales dentro de conjuntos. Sus finales operísticos demuestran una organización magistral de las estructuras tonales a gran escala. El lenguaje musical de Mozart reconcilia influencias opuestas. La yuxtaposición instintiva de elementos italianos y vieneses queda especialmente reflejada en sus grandiosos logros en la ópera seria, la opera buffa y en el Singspiel alemán. En la música religiosa de este periodo se puede observar un enfoque menos integrador, que coloca las arias de estilo italiano de ópera seria muy cerca de elaboradas fugas corales. La retórica tuvo una influencia significativa sobre la composición musical de esa época. Las pequeñas dificultades que introducían los compositores clásicos en sus intentos expresivos confieren hoy día un significado más real a la interpretación. Particularmente ricos en información sobre las reglas no escritas de la época y las muchas analogías con la oratoria tienen su origen son los tratados de Quantz (1752), Leopold Mozart (1756), C. P. E. Bach (1753, 1762), Daniel Gottlob Türk (1789) y otros.
En cuanto a la música española no se puede pasar por alto la estancia en la península del gran compositor italiano Domenico Scarlatti en el periodo inmediatamente anterior al clasicismo. En esa época de tránsito, Scarlatti fue a Lisboa como maestro de capilla de Juan V de Portugal y maestro de la infanta María Teresa Bárbara, para la que escribió la mayor parte de sus 550 sonatas. Scarlatti pasó luego a España como profesor de música de Fernando VI y de su esposa Bárbara de Braganza. Otro compositor italiano, Luigi Boccherini, se trasladó a Madrid en 1769 con el cargo de compositor y virtuoso de cámara del infante don Luis. Juan Crisóstomo de Arriaga, que nació en Bilbao en 1806, fue discípulo suyo, así como de François Joseph Pétis y de Pierre Baillot. Arriaga escribió tres cuartetos para instrumentos de cuerda, una obertura y sinfonía para gran orquesta, un Stabat mater, una salve, una misa, romanzas y cantatas y también las óperas Edipo, escena para tenor y orquesta (1818) y Los esclavos felices (1820). En el panorama musical español sobresale el músico valenciano Vicente Martín y Soler. Estrenó con mucho éxito en Italia donde se le conocía como Martini lo Spagnolo. Más tarde en Viena llegó a competir con Mozart. Martín y Soler es autor de Una cosa rara (1786), obra de la que el compositor austriaco recoge un fragmento en el Don Giovanni. También es autor de L’arbore di Diana y de otras óperas. Contemporáneos de Mozart fueron también el padre Antonio Soler, Antonio Eximeno, Juan Andrés y Esteban Arteaga, Blas de la Serna y Jacinto Valledor.
Es discutible hasta qué punto el estilo clásico sobrevivió durante el siglo XIX. La música de Beethoven está muy estructurada y, en ese sentido, es clásica, pero con un concepto más extendido de la estructura armónica. Por otra parte, la accesibilidad dejó de ser prioritaria en su música de madurez. El impacto de la Revolución Francesa tuvo una influencia mayor sobre el romanticismo. El declive en la productividad y el aumento de la conciencia de sí mismo aleja a Beethoven de Haydn y de Mozart. El compositor vienés Franz Schubert contuvo su impulso lírico en un amplio juego armónico dentro de enormes estructuras, como sus sonatas para piano tardías y la Sinfonía nº 9 en do mayor, La grande (1825). Sin embargo, dentro de los Lieder de Schubert, la preeminencia clásica de la forma se trastoca en imaginación intuitiva, más característica del romanticismo. Si bien las estructuras clásicas mantuvieron una posición importante durante el siglo XIX, fueron las formas, más que los principios, las que han sobrevivido en la obra de muchos compositores románticos.
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