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Resultados en Windows Live® Comunismo de guerraArtículo de la enciclopedia
Comunismo de guerra, término aplicado a la política económica y social de la República Socialista Soviética Federada de Rusia (núcleo esencial de lo que habría de ser la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), en vigor desde la primavera de 1918 hasta marzo de 1921. Algunas de las medidas del comunismo de guerra, instituido durante la Guerra Civil rusa (1918-1921) por el gobierno del dirigente bolchevique Vladímir Lenin, eran fruto de la ideología comunista y tenían como objetivo el desarrollo de la economía socialista de Estado, que el régimen consideraba como el primer paso hacia el comunismo. Otras eran respuestas pragmáticas a los acuciantes problemas económicos, especialmente a la grave crisis económica y la necesidad de equipar al Ejército Rojo durante la Guerra Civil. Muchas de estas políticas incluían elementos tanto ideológicos como económicos, y los historiadores han debatido sobre la importancia relativa de cada uno de ellos en el marco de la política económica comunista de la época. El término comunismo de guerra fue acuñado por Lenin en marzo de 1921 para referirse a los criterios económicos aplicados durante la Guerra Civil. Hacia finales de la primavera y comienzos del verano de 1918, el gobierno comunista introdujo diversos tipos de medidas económicas: la incautación de los productos agrícolas, la nacionalización de la industria, el control estatal del comercio, el control centralizado de la producción y distribución, la asignación estatal de los recursos y la sustitución del dinero por el sistema del trueque. Muchos comunistas consideraban que la I Guerra Mundial (1914-1918) había preparado el camino para el socialismo internacional, al expandir de forma espectacular el control de la economía por parte del Estado en los países en conflicto, haciendo posible en su opinión la introducción inmediata del socialismo en la República Socialista Soviética Federada de Rusia. El origen de las medidas económicas continuó siendo económico e ideológico. Por un lado, el colapso económico del país durante la Guerra Civil impulsó al gobierno a llevar a cabo la nacionalización de los medios de producción, pero también la ideología marxista del régimen consideraba este objetivo como deseable debido a que la propiedad estatal de los medios de producción se concebía como la base del poder político. Del mismo modo, Lenin y otros líderes estaban a favor de la abolición del dinero tanto por motivos ideológicos como, probablemente, porque el papel moneda había perdido valor a causa de la inflación incontrolada. Sin embargo, los campesinos se resistían a vender los productos agrícolas a cambio de dinero devaluado, actitud que dificultaba la obtención de los suministros necesarios para el Ejército y los trabajadores de las ciudades. Los comunistas, que tacharon al campesinado de ‘enemigos de clase’, aplicaron posteriormente una dura política de apropiaciones mediante los ‘ejércitos del grano’, que se incautarían de todos los productos alimenticios de las zonas rurales. Hacia el final de la Guerra Civil, el gobierno prosiguió, e incluso intensificó, la política de incautación y control propia del comunismo de guerra. Ésta alcanzó su punto máximo en 1920, con las propuestas de militarización del trabajo, apadrinadas principalmente por Liev Trotski, según las cuales los trabajadores de algunas áreas serían obligados por el gobierno a trabajar en zonas e industrias determinadas, quedando además subordinados a una disciplina militar. La implantación del servicio laboral universal se impuso también en 1920 y se formaron ejércitos de trabajadores a los que se asignaban unidades del Ejército Rojo para trabajar en la industria o en la agricultura. Sin embargo, la producción agrícola e industrial disminuyó precipitadamente. Durante el invierno de 1920-1921, la hambruna provocada por la sequía, la situación de privación general, la creciente oposición de los campesinos a la incautación del grano y el rechazo a las impopulares medidas gubernamentales motivaron huelgas y revueltas en todo el país a las que el régimen respondió endureciendo la represión. En marzo de 1921, los marineros de la base naval de Kronstadt, que anteriormente habían sido ardientes aliados de los bolcheviques, encabezaron una revuelta contra la austeridad de la política económica y la represión de las huelgas. La rebelión de Kronstadt debilitó la confianza en el régimen y contribuyó al abandono del comunismo de guerra en favor de la Nueva Política Económica (NEP), defendida por Lenin y aprobada en el X Congreso del Partido Comunista en marzo de 1921. La NEP relajó el control del gobierno sobre la economía, particularmente en el sector agrícola, y permitió la existencia de algunas empresas privadas para facilitar la recuperación económica. No obstante, los comunistas declararon que se trataba únicamente de un aplazamiento temporal antes de reanudar la marcha hacia el socialismo. El dirigente soviético Iósiv Stalin retomó posteriormente muchas de las medidas del comunismo de guerra en su política de industrialización de la década de 1930 y en el sistema económico soviético que de ella surgió.
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