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Marcos explica en este fragmento uno de los milagros mejor conocidos de Jesús, la curación del paralítico.
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1 Al cabo de algunos días volvió a entrar en Cafarnaúm: 2 y corriendo la voz de que estaba en la casa, acudieron muchos en tanto número, que no cabían ni dentro ni aun fuera delante de la puerta, y él les anunciaba la palabra de Dios. 3 Entonces llegaron unos conduciendo a cierto paralítico, que llevaban entre cuatro. 4 Y no pudiendo presentárselo por causa del gentío que estaba alrededor, descubrieron el techo por la parte bajo la cual estaba Jesús: y por su abertura descolgaron la camilla en que yacía el paralítico. 5 Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 6 Estaban allí sentados algunos de los escribas, y decían en su interior: 7 ¿Qué es lo que éste habla? Éste blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? 8 Mas como Jesús penetrase al momento con su espíritu esto mismo que interiormente pensaban, díceles: ¿Qué andáis revolviendo esos pensamientos en vuestros corazones? 9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados: o decir: Levántate, toma tu camilla y anda? 10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados: Levántate (dijo al paralítico). 11 Yo te lo digo: coge tu camilla, y vete a tu casa. 12 Y al instante se puso en pie, y, cargando con su camilla, se marchó a vista de todo el mundo, de forma que todos estaban pasmados, y dando gloria a Dios, decían: Jamás habíamos visto cosa semejante.
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También en Encarta |
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Fuente: Sagrada Biblia. Traducida al castellano por Félix Torres Amat. Madrid: Apostolado de la Prensa, 1928.
Aparece en
Evangelio según san Marcos
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