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Benedicto XII construye el palacio de Aviñón

La imposibilidad de regresar a Roma impulsó a Benedicto XII a construir el palacio y fortaleza papales de Aviñón.

Fragmento de Historia de los papas.

De Ludwig Pastor.

Su sucesor Benedicto XII (1334-1342), varón de grande severidad de costumbres y concienzuda justicia, no pudo sin embargo, á pesar de su blandura, apaciguar la contienda con Luis de Baviera y los excéntricos fraticelos. El rey Felipe VI de Francia y los cardenales á él aficionados, procuraron estorbar la paz con Luis, y Benedicto no poseía bastante fuerza de voluntad para realizar sus propósitos á pesar de ellos. Tampoco pudo el Papa sofocar en sus gérmenes, la lucha que se trataba entre Francia é Inglaterra, y tan calamitosa había de ser para su patria. Honra, no obstante, á Benedicto, el haber empleado todo su influjo para conservar la paz.

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Benedicto XII planteó seriamente el proyecto de regresar á Roma en lo cual parece había pensado ya en sus últimos años Juan XXII; pero la Ciudad eterna era en aquellos días teatro de los más feroces disturbios é incesante derramamiento de sangre, y el Papa no hubiera podido permanecer allí, aunque la preponderancia del influjo francés, y la protección pesadamente gravosa de la Casa de Anjou, no hubiesen cerrado á Benedicto el camino de Italia. Así no fúe difícil al rey Felipe VI y á los cardenales franceses, que constituían una gran mayoría en el Sacro Colegio, retener al Papa en las orillas de Ródano. Las turbulencias de Italia, crecientes de año en año, fueron extinguiendo en el ánimo de Benedicto, el pensamiento de restituirse cabe á los sepulcros de los Apóstoles; y así, comenzó á edificarse en Aviñón una morada á propósito, palacio al mismo tiempo y fortaleza, y que notablemente ampliada por los papas siguientes, llegó á ser la célebre ciudadela pontificia de Aviñón. Aquel edificio gigantesco, cimentado en la roca de la catedral, con sus enormes y pesadas torres cuadrangulares, con sus parduscos muros colosales de cuatro metros de espesor, osadamente levantados hacia el cielo, é interrumpidos irregularmente por escasas ventanas ojivales, pertenece al número de las más imponentes creaciones arquitectónicas de la Edad Media. Se conoce que el cuidado principal del constructor miraba á la fortaleza y seguridad; y el edificio, extraña mezcla de castillo y monasterio, de prisión y palacio, refleja con exactitud la situación en que se hallaba entonces la Santa Sede. Comparando este palacio de los papas, «la más bella y fuerte morada del mundo», como la llama Froissart, con la próxima catedral, parece ésta pequeña é insignificante; y tal contraste ofrece una fiel imagen de la época de la residencia en Aviñón, caracterizada por el menguante del elemento eclesiástico y la preeminencia del político, guerrero y señorial.

Fuente: Pastor, Ludwig. Historia de los papas. Barcelona: Gustavo Gili, 1910.

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