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Cabras y ovejas
Cabras y ovejas

Según los arqueólogos, la cabra o la oveja son los animales de granja más antiguos. Estos estudiosos de la historia de los primeros hombres dudan si fueron unas o las otras las primeras, porque es difícil saber cuál es cuál; tan sólo se diferencian por los cuernos y algunos huesos del cráneo y otros miembros que no suelen encontrarse en las excavaciones. Además, dentro de cada una de estas dos especies la diferencia entre los individuos salvajes y los domesticados es muy imprecisa. Los restos más antiguos de ovejas domesticadas provienen de un asentamiento que data de hace 11.000 años en Iraq y los de cabras provienen de un yacimiento de hace más de 9.000 años en Irán.

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Las especies de las que descienden, el muflón y la cabra montés asiática, se originaron en las colinas del este de Asia. Los primeros granjeros comenzaron a reunir las ovejas y cabras que llegaban hasta sus campos de cereales y legumbres. Se las ataba en los prados o se las tenía en corrales, se las alimentaba con rastrojos y con el exceso de producción de los cultivos y se las sacrificaba cuando era necesario. Con el tiempo, las ovejas comenzaron a dar lana y a desarrollar cuartos traseros de donde obtener grasa y las cabras se convirtieron en una fuente constante de leche.

Hoy en día, las ovejas se crían sobre todo para obtener carne y lana. La cría de ovejas de lana predomina en las zonas templadas y es importante en Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica, los países del Mar Mediterráneo y el sur de América del Sur, mientras que la cría de ovejas de pelo predomina en los trópicos de África y de Asia. La carne de las ovejas jóvenes que se comercializa con fines alimenticios se vende como cordero lechal y la de los animales de más edad, como cordero. Además, de la oveja también se aprovecha la grasa y otros órganos. La lana, que crece tras ser esquiladas periódicamente, se convierte en hilo para hacer punto y tejer. La piel de la oveja, sobre todo de la oveja de pelo, se emplea para confeccionar ropas y prendas de abrigo. Entre los quesos que se hacen con la leche de oveja, rica en grasa, destacan el roquefort y el manchego.

A diferencia de las ovejas, que se alimentan de hierba, las cabras se alimentan de hojas y arbustos, lo que les permite sobrevivir en montes bajos y montañas semiáridas. De la cabra se aprovecha la carne, la leche, el pelo y la piel. La carne de cabra es especialmente apreciada entre los pueblos africanos, asiáticos y caribeños. Las cabras habitan zonas templadas donde la leche que producen se consume tal cual o se transforma en yogur y en quesos, como el feta, el chèvre y el de Los Ibores. Del vellón sedoso de ciertos rebaños se obtiene la lana de cachemir y de mohair. Con la piel de la cabra se hacen botas de vino y recipientes para el agua, además de prendas de abrigo, ropas y cuero fino. En algunos lugares, las cabras se utilizan para tirar de carretas y como animales de carga.

Las cabras salvajes abundan en lugares como Australia, las Islas del Canal situadas en la costa de California, Hawai, las Islas Galápagos y otras muchas islas oceánicas donde los marineros las llevaron hace mucho tiempo para tener carne fresca. Estas cabras han causado estragos en la vegetación autóctona porque comen descontroladamente. Las cabras son animales de recursos, a diferencia de las ovejas domésticas, que en libertad no suelen sobrevivir ni llegan a formar rebaños salvajes.

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