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La variedad es la característica fundamental en la historia del poblamiento de México; el proceso de colonización desarrollado a partir del siglo XVI no hizo sino ahondar en la disimetría espacial ya existente: las regiones situadas en torno al golfo de México y al valle de México fueron habitadas desde época prehispana, en tanto que en la costa del océano Pacífico y en el norte la colonización tuvo un carácter más tardío.
El proceso de poblamiento en México se identifica, en gran medida, con las condiciones naturales de los diferentes espacios que configuran el territorio; zonas de montañas más o menos húmedas se oponen a las tierras bajas en la zona tropical. Estos paisajes contrastan con los extensos espacios desérticos del norte de la República.
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En la actualidad se conoce con bastante exactitud cuál era el área ocupada por las civilizaciones prehispánicas en el momento de la llegada de los conquistadores españoles. La organización del territorio y la paz civil alcanzada permitían un poblamiento numeroso a pesar de los medios rudimentarios de transporte y producción existentes. Incorporadas en el imperio Azteca, las civilizaciones salidas de Teotihuacán y las de los mixtecozapotecas, constituían ese primer espacio en conjunto con las civilizaciones mayas. Hacia el oeste, la organización político-social aparecía más rudimentaria; lo mismo en el país tarasco que hacia el Pacífico. En el noroeste, sobre la Sierra Madre Occidental, habitaban otros grupos de civilizaciones sedentarias más fragmentadas. Por su parte, la zona desértica central y oriental estaba ocupada por grupos de carácter nómada que casi no cultivaban la tierra, «indios de guerra» para los españoles; chichimecas para la gente del área azteca.
En México destacan como zonas fundamentales de poblamiento aquellas que poseen una altitud superior a 1.000 m y, en general, superior a 1.500 m. Las densidades de población fueron altas desde antes de la época colonial, porque abundaba el cultivo del maíz y de otras plantas alimenticias; en la actualidad, estas densidades pueden llegar en algunas cuencas a 100 habitantes por km2. Una primera región de alta densidad de habitantes existe en Chiapas, en las montañas centrales, prolongándose hacia Guatemala; estas acumulaciones de población se explican geográficamente por lo benigno del clima, no palúdico; aunque la calidad de los suelos es mediocre.
La zona correspondiente al México central es mucho más compleja desde el punto de vista del poblamiento; ésta se extiende desde la cuenca de Oaxaca, al sur; hasta la del Mezquital, en el norte; y de la vertiente interior de la Sierra Oriental a la región del lago de Chapala, de este a oeste. Este conjunto presenta densidades muy elevadas y una extensión, según los paralelos, mucho más amplia en su parte oriental que corresponde al antiguo dominio azteca. La porción occidental, que es más estrecha, contiene una densidad de población más débil, siendo menos elevada; en cambio la oriental se presenta más elevada y con mayor población; se debe considerar además que aquí la organización del espacio fue mayor que en la porción occidental. Otro elemento favorable que debe considerarse en esta zona son los suelos del Eje Neovolcánico. Durante la colonia, esta zona se fue extendiendo en dirección norte; incorporando nuevas tierras a la agricultura, en parte con indios y en parte con inmigrantes; las técnicas de irrigación incorporadas desempeñaron un papel decididamente importante en esa extensión del dominio agrícola. En la República, la región central continúa siendo el centro del país; el Bajío es la zona de mayor mezcla de la población y del mestizaje. Por el contrario, las llanuras y las cuencas de Oaxaca quedaron separadas del mestizaje.
Respecto a las regiones del norte, éstas fueron conquistadas en etapas sucesivas; contingentes de población ya mestizadas provenientes de la zona central de México se introdujeron cada vez más en ellas. La explotación de los minerales de plata fue la causa de la primera conquista del norte; surgieron importantes poblados en Querétaro, San Luis Potosí, Guanajuato, Zacatecas, Durango y Pachuca. El ferrocarril permitió la incorporación de nuevas tierras más al norte y sobre todo favoreció el intercambio con los Estados Unidos. Así, en la segunda mitad del siglo XIX, el norte poblado englobó ya las regiones de Monterrey, de Matamoros y las tierras irrigadas de La Laguna. Los Estados Unidos se acercaron considerablemente por el norte al perder México grandes extensiones de su territorio.
Dos focos de atracción, Texas y California, gravitan fuertemente sobre el actual norte de México, una zona franca, comercial e industrial. El nacimiento de este nuevo norte fronterizo fue acompañado de la decadencia del norte colonial, que vio emigrar a su población en provecho de este nuevo norte. Debemos advertir que ese movimiento de avanzada tuvo más importancia económica que demográfica.
Se observa en general que las tierras bajas tropicales poseen un poblamiento menor que las tierras altas; la mayoría de las tierras cubiertas por selvas se encuentran despobladas: el istmo de Tehuantepec (con excepción del poblamiento reciente que está conectado con el ferrocarril y la carretera transístmica) y una gran parte de la península Yucateca al pie de las tierras altas de Chiapas y de Guatemala, prolongaciones de la selva del Petén que ocupan una parte de Tabasco, de Chiapas y sobre todo de Campeche y de Yucatán, y casi todo Quintana Roo. Respecto a la vertiente pacífica, ninguna región se presenta despoblada; es un poblamiento disperso pero continuo. Entre los elementos negativos que han influido para que estas zonas no hayan sido ocupadas, están las enfermedades tropicales, como el paludismo. Por otra parte, se debe tener presente que ciertas regiones tropicales bajas poseen un poblamiento denso, como parte de Yucatán, las tierras bajas del Golfo en la mayor parte del Estado de Veracruz y la parte central de Tabasco; núcleos menores aparecen en la vertiente del Pacífico, en Colima o en la Costa Chica, al este de Acapulco, y en Soconusco.
Así, pues, el poblamiento del Trópico aumenta en importancia; no tan espectacularmente como las migraciones a larga distancia hacia el norte, pero lo suficiente como para permitir descongestionar las tierras altas superpobladas y favorecer el desarrollo de los campos de las tierras bajas.
En resumen, al observar el poblamiento del territorio mexicano se constata una disimetría entre la mitad que mira hacia el Golfo y la mitad que enfrenta al Pacífico. Los recursos naturales existentes y el grado de civilización alcanzado en la época prehispánica explicarían el poblamiento más intenso de la primera; así como la existencia de mayores facilidades de comunicación que del lado de la formidable Sierra Madre Occidental. Debemos agregar a esto que, durante la Colonia, Veracruz adquirió un desarrollo importante y que la historia del siglo XX enlaza a México con el este de los Estados Unidos más que con la región de California.
Fuente: Portal, Bélfor. México II. Recursos y regiones. (2 vols.). Biblioteca Iberoamericana. Madrid: Ediciones Anaya, S.A., 1988.
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Virreinato de Nueva España; México (república)
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