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El libro El pulgar del panda, del paleontólogo y biólogo evolucionista Stephen Jay Gould, reúne distintos ensayos que tienen como nexo de unión la teoría de la evolución. El fragmento que se recoge a continuación está dedicado al pulgar del panda, formado a partir de un hueso de la muñeca; se trata de una estructura anatómica que se originó a partir de otras disponibles, modificadas para cumplir una nueva función. Gould argumenta en este ensayo que estas “soluciones singulares” o “imperfectas”, que se pueden encontrar tanto en el mundo animal como en el vegetal, son una prueba, más definitiva quizá que los diseños ideales, de la teoría de la evolución.
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El “pulgar” del panda no es, anatómicamente, un dedo. Está constituido por un hueso llamado sesamoide radial, que habitualmente es un pequeño componente de la muñeca. En los pandas, el sesamoide radial está enormemente agrandado y alargado hasta ser casi igual de largo que los huesos metapodiales de los verdaderos dedos. El sesamoide radial está bajo una almohadilla de la garra delantera del panda; los cinco dedos forman el andamiaje de otra almohadilla, la palmar. Ambas almohadillas están separadas por un surco poco profundo que sirve como guía para los tallos de bambú.
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El pulgar del panda está dotado no sólo de hueso para darle rigidez, sino también de músculos para proporcionarle su agilidad. Estos músculos, al igual que el propio hueso sesamoide, no surgieron de novo. Al igual que las partes de las orquídeas de Darwin, son partes anatómicas familiares remodeladas para una nueva función. El abductor del sesamoide radial (el músculo que lo separa de los verdaderos dedos) tiene el formidable nombre de abductor pollicis longus (“el abductor largo del pulgar” —pollicis es el genitivo de pollex, nombre latino del “pulgar”). Su nombre lo delata. En otros carnívoros, este músculo se inserta en el primer dedo, o pulgar verdadero. Entre el sesamoide radial y el pólice se extienden otros dos músculos más cortos. Mueven el “pulgar” sesamoide hacia los verdaderos dedos.
¿Nos da la anatomía de otros carnívoros alguna pista acerca del origen de esta extraña disposición en los pandas? Davis señala que los osos y los mapaches ordinarios, los parientes más próximos de los pandas gigantes, sobrepasan con mucho a los demás carnívoros en el uso de sus patas delanteras para la manipulación de objetos mientras se alimentan. Perdonarán ustedes la metáfora retroactiva, pero los pandas, gracias a su ascendencia, empezaron ya con ventaja para desarrollar una mayor habilidad en la alimentación. Más aún, los osos ordinarios tienen ya un sesamoide radial ligeramente agrandado.
En la mayor parte de los carnívoros, los mismos músculos que mueven el sesamoide radial en el panda se insertan exclusivamente en la base del pólice, o pulgar verdadero. Pero en los osos normales, el músculo abductor largo termina en dos tendones: uno se inserta en la base del pulgar como en la mayor parte de los carnívoros, pero el otro se inserta en el sesamoide radial. Los dos músculos más cortos se insertan también, en parte, en el sesamoide radial de los osos. “Por lo tanto, concluye Davis, la musculatura para operar este nuevo y notable mecanismo —funcionalmente un dedo nuevo— no requirió cambio intrínseco alguno respecto a las condiciones ya existentes en los parientes más próximos del panda, los osos. Más aún, parecería que la secuencia total de lo acontecido en la musculatura se sigue automáticamente de la simple hipertrofia del hueso sesamoide”.
El pulgar sesamoide de los pandas es una estructura compleja formada a partir de un marcado crecimiento de un hueso y una redistribución in extenso de la musculatura. No obstante, Davis argumenta que la totalidad del aparato surgió como respuesta mecánica al crecimiento del propio sesamoide. Los músculos se desplazaron porque el hueso hipertrofiado les impedía insertarse en sus localizaciones originales. Más aún, Davis postula que el sesamoide radial hipertrofiado podría ser consecuencia de un cambio genético simple, tal vez una única mutación que afectara la temporización y la tasa de crecimiento.
En el pie del panda, la contrapartida del sesamoide radial, llamada sesamoide tibial, está también hipertrofiada, aunque no tanto como el sesamoide radial. Y, no obstante, el sesamoide tibial no hace de soporte de ningún dedo nuevo, y su tamaño aumentado no le confiere ventaja alguna, por lo que nosotros sabemos. Davis argumenta que el incremento coordinado de los dos huesos, en respuesta a la selección natural de uno solo de ellos, probablemente refleje un tipo simple de cambio genético. Las partes repetidas del cuerpo no están sometidas a la acción de un único gen —no existe un gen “para” el pulgar, otro para el dedo gordo del pie ni un tercero para el dedo meñique. Las partes duplicadas son coordinadas en el transcurso del desarrollo; la selección de un cambio en un elemento origina una modificación correspondiente en otros. Puede resultar genéticamente más complejo aumentar el tamaño del pulgar y no modificar el dedo gordo del pie que hacer que aumenten los dos de tamaño. (En el primer caso, debe romperse una coordinación general, el pulgar tendría que verse favorecido independientemente y el incremento correlativo en tamaño de las estructuras con él relacionadas tendría que ser suprimido. En el segundo caso, un único gen puede aumentar la tasa de crecimiento de un campo regulador del desarrollo de los dedos correspondientes).
El pulgar del panda nos proporciona una elegante contrapartida zoológica a las orquídeas de Darwin. Las soluciones óptimas del ingeniero quedan descartadas por la historia. El pulgar verdadero del panda queda relegado a otro papel, demasiado especializado en otra función como para convertirse en un dedo oponible y manipulador. De modo que el panda se ve constreñido a utilizar partes disponibles y a conformarse con el agrandamiento de un hueso de la muñeca que supone una solución un tanto engorrosa, pero bastante funcional. El hueso sesamoide no ganaría medallas en ningún concurso de ingeniería. Es, por utilizar la frase de Michael Ghiselin, un artefacto, no un exquisito dispositivo. Pero realiza su trabajo y excita nuestra imaginación tanto más cuanto que surge de una base tan improbable.
Fuente: Gould, Stephen Jay. El pulgar del panda. Traducción de Antonio Resines. Barcelona: Ediciones Orbis, 1985.
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Oso panda gigante; Oso panda
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