| Cáncer de cérvix | Vista del artículo | ||||
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| 3. | Síntomas y diagnóstico |
En las primeras fases de evolución, la presencia de cáncer de cérvix puede no producir ningún síntoma. Conforme progresa el cáncer, la mujer puede tener una secreción vaginal acuosa y un sangrado indoloro. Con el tiempo el sangrado se hace más frecuente y más abundante y la mujer puede referir dolor en la parte baja del abdomen o en la zona lumbar.
La mejor técnica para diagnosticar el cáncer de cuello uterino es el frotis de Papanicolau, que recibe este nombre de su descubridor George N. Papanicolau. En esta sencilla prueba, se obtienen células del epitelio cervical con una torunda de algodón o una espátula especial de madera, que se examinan al microscopio en busca de lesiones celulares precancerosas o signos de malignidad.
Si el frotis de Papanicolau revela anomalías del epitelio, se recomienda realizar una biopsia cervical bajo control colposcópico (colposcopia). En esta técnica, que puede llevarse a cabo de forma ambulatoria, se utiliza un instrumento parecido a un microscopio, llamado colposcopio, que facilita al médico una visión ampliada de la vagina y de la superficie cervical. Si se detecta cualquier tejido anómalo o sospechoso se obtienen muestras para su análisis (biopsias) utilizando unas pequeñas pinzas. Si al examinar las muestras al microscopio estas revelan la presencia de lesiones cancerosas o precancerosas, se realiza bajo anestesia general una biopsia más extensa, llamada biopsia cónica (conización), para establecer un diagnóstico definitivo.
En la mayoría de las mujeres se recomienda realizar un frotis de Papanicolau anual poco después de iniciar la etapa de actividad sexual. En las mujeres con frotis consecutivos normales en las que además el riesgo de cáncer de cuello uterino es menor, como es el caso de aquellas que no tienen actividad sexual o en las que se ha efectuado una histerectomía, el médico puede decidir realizar frotis de Papanicolau cada dos o tres años.
Desafortunadamente, un número significativo de mujeres, en especial aquellas que pertenecen a grupos socioeconómicos desfavorecidos o cuya edad supera los 60 años, no se realizan frotis de Papanicolau de forma regular. En un estudio se señaló que de 481 mujeres diagnosticadas de cáncer de cuello uterino avanzado, más del 28% nunca se habían realizado un frotis de Papanicolau, casi un 33% no se había realizado ninguno durante al menos los cinco años previos al diagnóstico y un 15% no regresó para hacer un seguimiento después de un frotis anómalo o no concluyente.