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| 3. | Los himnos cristianos primitivos |
El primer compositor de himnos cristianos en latín fue el prelado del siglo IV, san Hilario. Poco después de su muerte, san Ambrosio (obispo de Milán) y otros, establecieron el uso regular de himnos y salmos en la liturgia cristiana de Occidente. San Ambrosio escribió muchos textos de himnos y quizá también alguna melodía de canto llano, de la docena que han sobrevivido. Sus himnos, y los de los autores y compositores que le sucedieron, se escribieron para ser utilizados durante el oficio divino, unos servicios litúrgicos que se realizaban varias veces al día.
Hasta el siglo X, raramente se cantaban himnos durante la celebración de la misa. Durante el siglo X, a veces se añadían palabras de alabanza a Dios a los largos pasajes de canto llano que se entonaban sobre la palabra 'aleluya'. Los textos de alabanza reemplazaron a la prolongada letra final (la a) de la palabra. Los pasajes de canto llano y los textos de alabanza recibían el nombre de secuencias, del latín sequi, 'seguir', lo que significa que el himno venía inmediatamente a continuación de la palabra 'aleluya' La invención de las secuencias suele atribuirse al monje alemán Notker Balbulus, pero probablemente ya existían antes de su época.
La mayoría de los compositores de la edad media tardía y del renacimiento hacían arreglos polifónicos de himnos de canto llano. En todos los casos, los himnos y secuencias, los cantaban sacerdotes y coros, nunca la congregación. Pero fue en el siglo XVI cuando el himno se convirtió en canto de la congregación; y es una de las reformas que introdujo Martín Lutero. También inspiraron memorables obras polifónicas de compositores como Giovanni da Palestrina o Tomás Luis de Victoria. Posteriormente los himnos perdieron su carácter eminentemente religioso y adoptaron temas profanos.