| Réquiem | Vista del artículo | ||||
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| 2. | Origen y evolución |
Las primeras composiciones polifónicas de este género se encuentran a partir de finales del siglo XV y constan de movimientos sueltos, no de toda una misa. De hecho, el primer réquiem completo del que se tiene constancia es obra del compositor flamenco Johannes Ockeghem, Missa pro defunctis, escrito seguramente a finales de ese mismo siglo. Aunque no tiene la complejidad de los que se compondrían más tarde, fue el modelo en el que se basaron las futuras misas de difuntos. Así como antes del siglo XVI se compusieron aproximadamente cincuenta réquiem, a partir del XVII se pueden contar por centenares. Aunque el espíritu de la composición siempre seguirá siendo el mismo, con el paso del tiempo la música se fue haciendo más dramática, ayudada por una instrumentación y un coro cada vez mayores. El primer compositor que introdujo secciones instrumentales independientes fue Claudio Monteverdi para el réquiem que se interpretó en el funeral de Cosimo II de Médici en 1621.
Son numerosos los grandes compositores que han trabajado en este género y muchos de sus réquiem, como el de Wolfgang Amadeus Mozart, Luigi Cherubini o Giuseppe Verdi, se convirtieron en obras maestras representativas de cada uno de ellos. Franz Liszt, Hector Berlioz, Camille Saint-Saëns, Anton Bruckner y Antonín Dvorák también se adentraron en este tipo de composición, aunque sus obras son más conservadoras. Asimismo, se desarrolló un subgénero denominado “réquiem alemán”, cuyos textos derivan de la liturgia luterana o de la protestante; entre otros, Johannes Brahms y Franz Schubert ahondaron en este género. Ya en el siglo XX se encuentran piezas relevantes escritas por autores como Maurice Duruflé, György Ligeti o Witold Lutoslawski.