| Ígor Stravinski | Vista del artículo | ||||
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| 3. | Composiciones neoclásicas |
Hacia 1923 empezó a componer sus primeras obras neoclásicas, marcadas por un renovado interés por el estilo musical de los siglos XVII y XVIII. Estas obras también se caracterizan por un ideal de objetividad que en parte era una reacción contra el exceso emotivo de finales del romanticismo. Este ideal se refleja posteriormente en su Crónicas de mi vida (1935), donde escribió: “La música no tiene, por naturaleza... poder para expresar nada” y opinaba que los intérpretes debían seguir con fidelidad las indicaciones del compositor sin complementarlas con sus propias ideas; esta posición estética tuvo un fuerte impacto en la música moderna. Algunas obras de este periodo son la ópera-oratorio Oedipus Rex (1927), con texto en latín, versión de Jean Daniélou sobre un texto de Jean Cocteau inspirado en Sófocles, y el melodrama Perséfone, para recitantes, cantantes y orquesta (1934), con texto de André Gide, inspirado en el mito griego, así como el ballet Apolo Musageta (1928), entre otras obras escritas para el coreógrafo ruso George Balanchine.
A mediados de la década de 1920, Stravinski atravesó una época de crisis espiritual, y en 1926 se convirtió a la religión ortodoxa rusa (que había abandonado a los 18 años). Poco después, en 1930, compuso la Sinfonía de los salmos, para coro y orquesta.
En 1939 dejó Europa para trasladarse a Hollywood (Estados Unidos). Allí se mantuvo gracias a diversos encargos, como Circus Polka (1942), compuesta para ser bailada por elefantes de circo, Danzas concertantes, para orquesta (1942), Escenas de ballet (1944), para un musical de Broadway, la Sinfonía en tres movimientos (1945), Misa (1948) y la ópera The Rake’s Progress (1951, con libreto de W. H. Auden y Chester Kallman), obra que puede ser calificada como la culminación de su periodo neoclásico.