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| 3. | Elaboración de un atlas |
Un buen atlas es una auténtica obra maestra de planificación y diseño. El creador (cartógrafo y editor) debe determinar qué es lo que va a mostrar y de dónde obtendrá la información que necesita. También debe identificar al usuario al que va dirigido el atlas y cómo deben hacerse los mapas para que el usuario comprenda fácilmente los resultados reflejados en él. Asimismo decidirá qué países o territorios se mostrarán, qué tipo de mapas utilizará, qué proyecciones reflejarán los detalles con más exactitud y qué diseño será el más adecuado en cuanto a color, maquetación, tamaño y formato de página… Todo ello se lleva a la práctica en distintas fases, artísticas y mecánicas, y siguiendo el sistema de edición o autoedición más adecuado para su composición y reproducción (repromat).
Hasta la llegada de los ordenadores o computadoras, el repromat final se componía, a menudo, de cuatro láminas de película o fotolitos. Cada una de estas láminas reproducía un color: magenta, cyan, amarillo y negro. En cada lámina de película había diferentes tintas que mostraban diferentes densidades de color. Primero, se recogía cada nivel de densidad de tinta de manera independiente en una lámina de película. La lámina negra contenía los límites, contornos y topónimos que aparecerían en negro en el mapa; muchas veces, colocar los nombres en una página de un atlas era una tarea larga y difícil, ya que no debían superponerse a otro nombre ni ensombrecer rasgos importantes. Debido a ello, se podían necesitar 20 o más películas para cada página antes de fusionarlas en un grupo más pequeño de cuatro colores. De todo esto se deduce que, para realizar un atlas, se necesitaba gran destreza y precisión cartográficas.
Hoy, la utilización del ordenador o computadora facilita mucho el trabajo de elaboración de un atlas; en realidad, se ha convertido en una herramienta imprescindible para almacenar, seleccionar, extraer y manipular la información de las bases de datos geográficas (relacionales y orientadas a objetos), que permite realizar cambios en la proyección y escalas de los mapas, y actualizaciones y correcciones rápidas de los datos (se ha reducido el tiempo de siguientes ediciones y las revisiones se pueden llegar a hacer a diario). Los ordenadores o computadoras también han supuesto un avance en las tareas de impresión, ahora automatizadas. Todo esto ha dado como resultado una mejora de la calidad y una reducción en el coste de los atlas.